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Colombia vota entre la polarización: tres candidatos sin experiencia de gobierno llegan a la más incierta elección de su historia

Fuente: Minuto30

Colombia se prepara para unos de los comicios presidenciales más polarizados y complejos de su historia reciente. Los tres candidatos principales—Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia—concentran la disputa tras meses de voto útil, pero ninguno ha gobernado una región o ciudad importante. La economía frágil, el miedo a la inseguridad y un ecosistema digital lleno de desinformación marcan una elección donde no habrá ganador claro en primera vuelta, solo dos sobrevivientes para un balotaje incierto.

Colombia llega este domingo 31 de mayo a una encrucijada electoral. La contienda presidencial que abre las urnas es probablemente una de las más complejas, emocionales y divididas de los últimos años. Y la realidad es contundente: aquí no habrá un vencedor político claro en primera vuelta. Lo que se viene es un reacomodo de fuerzas, dos candidatos hacia un balotaje del 21 de junio y un país todavía más fragmentado sobre su camino inmediato.

La batalla se ha concentrado en tres nombres: Iván Cepeda, respaldado por el petrismo y liderando encuestas durante meses; Abelardo de la Espriella, un fenómeno político disruptivo inspirado en modelos como Javier Milei con una campaña profundamente digital; y Paloma Valencia, heredera política del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Esa concentración no fue casual. Encuestas cuestionadas, redes sociales agresivas y una amplificación constante desde medios de comunicación y grupos económicos terminaron moldeando qué se habla y qué se calla en la conversación pública.

Cepeda ha basado su trayectoria en la defensa del proceso de paz y el enfrentamiento al uribismo. El juicio contra Álvaro Uribe Vélez se convirtió en el símbolo más poderoso de su carrera, aunque posteriormente un tribunal declaró inocente al expresidente. Pero para amplios sectores del país, Cepeda representa un liderazgo más enfocado en la confrontación ideológica que en la administración práctica del Estado. Y esa es una pregunta profunda que ronda estas elecciones: ¿puede gobernarse un país tan fragmentado como Colombia únicamente desde la confrontación política?

Lo que sorprende, sin embargo, es que ninguno de los tres candidatos más opcionados ha ocupado cargos de poder ejecutivo de envergadura. Ninguno ha administrado una alcaldía importante, una gobernación o un ministerio de alto nivel. Nadie ha enfrentado desde la ejecución pública la complejidad brutal de gobernar a un país como Colombia, donde coexisten regiones desconectadas, economías ilegales, narcotráfico e inequidad profunda. Gobernar acá exige mucho más que capacidad para hablar bien.

Los tres candidatos coinciden en los temas que hoy angustan a los colombianos: seguridad, empleo y salud. Ahí late el verdadero corazón de esta campaña. El miedo por el deterioro de la seguridad y la fragilidad económica pesa más que muchas discusiones ideológicas tradicionales. Y ese temor es especialmente intenso en sectores empresariales preocupados por lo que podría ocurrir con una eventual llegada de Cepeda. Muchos consideran que el petrismo radical ha construido una narrativa de confrontación permanente contra la empresa privada, generando incertidumbre sobre la inversión.

El presidente Gustavo Petro logró sostenerse con cerca de 32 por ciento de aprobación incluso próximo a terminar su mandato. Buena parte de esa fuerza proviene de medidas populares: un incremento extraordinario del salario mínimo cercano al 23 por ciento, entrega de tierras a campesinos, subsidios para adultos mayores. Mientras sectores empresariales cuestionan el impacto económico, millones de familias sintieron alivio inmediato en sus ingresos. Allí radica mucho de la fortaleza política del petrismo: una base popular que por primera vez siente que un gobierno puso dinero directamente en sus bolsillos.

Pero esta elección ocurre en medio de un escenario profundamente delicado. Inteligencias artificiales generativas, ecosistemas digitales manipulados, automatización de contenido político sintético y proliferación de noticias falsas atraviesan la campaña. La conversación política que consume diariamente el ciudadano podría no ser orgánica. Likes, tendencias y percepciones de popularidad terminan siendo fabricadas digitalmente, alterando la percepción democrática. El propio Gustavo Petro ha cuestionado públicamente la transparencia del sistema electoral e insistido en acceder a códigos fuente de la Registraduría. El organismo electoral negó la solicitud. La paradoja es evidente: se trata del mismo sistema que lo eligió presidente y que permitió a su movimiento obtener representación significativa en el Congreso. Deslegitimar anticipadamente las instituciones democráticas erosiona la confianza colectiva en el sistema.

Colombia llega agotada de polarización, saturada de propaganda y profundamente influenciada por un ecosistema digital cada vez más artificial. El domingo probablemente no habrá un verdadero ganador. Habrá simplemente dos sobrevivientes políticos avanzando hacia una segunda vuelta incierta, mientras el país sigue buscando, entre el ruido, el miedo y la rabia, alguien capaz no solamente de ganar una elección, sino verdaderamente de gobernar.

Fuente original: Minuto30

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