Colombia logra reconocimiento mundial para su primera raza de perro 100% nacional

La Federación Cinológica Internacional reconoció oficialmente el Sabueso Fino Colombiano como la primera raza canina completamente originaria de Colombia. Este perro, que ha habitado las zonas rurales durante más de dos siglos y participó incluso en momentos históricos como la Batalla de Boyacá, ahora es validado internacionalmente tras años de investigación genética. Hoy se usa no solo en labores de caza sino también en operaciones de seguridad y búsqueda de personas desaparecidas.
Después de décadas en la sombra de razas europeas, el Sabueso Fino Colombiano acaba de alcanzar un reconocimiento que reivindicaba su lugar en la historia nacional e internacional. La Federación Cinológica Internacional, máxima autoridad mundial en clasificación de razas caninas, otorgó el aval oficial a esta raza el 11 de febrero, convirtiéndola en la primera que es 100% originaria de Colombia con reconocimiento internacional validado.
El camino hasta este hito no fue sencillo. Durante años, este animal fue ignorado por los ganaderos y campesinos colombianos, quienes preferían las razas traídas de Europa. Chejo Marín, campesino colombiano, lo describió de manera cruda en una entrevista de 2015: "El perro permanecía amarrado en los patios mientras otros recibían cuidados y exhibición". El animal es conocido también como Tinajero, Chapolo, Bramador y Aullador, y aunque pasaba desapercibido, llevaba más de 200 años formándose en el territorio nacional a través de cruces entre razas como el Pointer, el Foxhound inglés, el perro español y el sabueso francés.
Para rescatar esta herencia genética del olvido, investigadores se dedicaron a recorrer veredas y municipios documentando el linaje de estos perros. Jonathan Álvarez, quien en 2015 era estudiante de Zootecnia en la Universidad Nacional y participó en este proceso, recordó: "En realidad ha sido un trabajo como muy arduo que empezamos desde hace unos tres años viajando por las diferentes veredas de muchos municipios de Colombia buscando al gremio cazador". La Asociación Club del Sabueso Fino Colombiano confirmó que se trataba de "una raza canina autóctona, proveniente de una población canina que comparte rasgos propios, tanto físicos como utilitarios, que se han venido fijando por selección funcional".
La historia de este perro está profundamente entrelazada con momentos cruciales de la independencia colombiana. Se cuenta que en la víspera de la Batalla de Boyacá, el 6 de agosto cerca de Ventaquemada, un sabueso distrajo a las tropas realistas con sus ladridos nocturnos, facilitando la estrategia de Simón Bolívar. De igual manera, durante la Noche Septembrina, el instinto de estos perros alertó sobre la llegada de los atacantes del Libertador, demostrando su valor más allá de la utilidad práctica.
Hoy en día, el Sabueso Fino Colombiano ha trascendido sus orígenes rurales y cazadores para convertirse en un aliado estratégico en labores de seguridad estatal. Un caso emblemático ocurrió en Turbo, Antioquia, donde un ejemplar encontrado durante un operativo contra alias Otoniel fue incorporado a la fuerza pública. Según un oficial de Policía, el animal "destaca por su olfato y hoy participa activamente en la búsqueda de criminales y personas desaparecidas".
Físicamente, el Sabueso Fino Colombiano se reconoce por su resistencia natural a plagas, su pelaje corto, sus orejas largas y manchas en tonalidades negras o cafés. Estas características fueron determinantes para diferenciarlo de otras razas en el proceso de reconocimiento. La Asociación concluyó que se trataba de "un sabueso desarrollado a partir de los perros de cacería que han ingresado a nuestro país a lo largo de la historia, y que desde la época de la conquista y gracias a las adaptaciones y peculiaridades de uso y clima, evolucionó para convertirse en el perro tradicional de cacería de los campesinos colombianos".
Con este reconocimiento internacional en 2026, Colombia formaliza la protección de un animal que sus promotores consideran un símbolo nacional, reivindicando su valor histórico, cultural y genético ante el mundo. Lo que alguna vez permaneció amarrado en los patios de las veredas colombianas ahora es celebrado como patrimonio vivo de la nación.
Fuente original: El Colombiano - Tendencias