Colombia fabricará sus propios medicamentos contra el cáncer con dinero público
Por primera vez, Colombia producirá medicamentos oncológicos con financiación 100% pública a través del Instituto Nacional de Cancerología. El proyecto busca reducir costos, disminuir la dependencia de importaciones y garantizar disponibilidad de tratamientos en crisis sanitarias. Se invertirán más de 85 mil millones de pesos entre 2026 y 2035 en infraestructura y desarrollo tecnológico.
Durante más de una década, el Instituto Nacional de Cancerología ha trabajado en un sueño que hoy se convierte en realidad: que Colombia produzca sus propios medicamentos contra el cáncer sin depender de lo que viene de afuera. Este año, la iniciativa dejó de ser solo una idea y recibió financiación oficial, convirtiéndose en el primer proyecto de su tipo en el país financiado completamente con recursos públicos.
La apuesta central consiste en fabricar un anticuerpo monoclonal biosimilar, que es un tipo de medicamento biotecnológico avanzado usado para tratar varios tipos de cáncer y enfermedades autoinmunes. El Instituto está acondicionando infraestructura para montar una planta de producción a pequeña escala, que inicialmente abastecerá a sus propios pacientes, pero con miras a desarrollar cuatro medicamentos oncológicos estratégicos en el mediano plazo.
El beneficio económico es considerable. Los tratamientos biológicos importados están entre los gastos más altos del sistema de salud colombiano. Fabricarlos localmente eliminaría los costos de producción en el exterior, los intermediarios y la distribución internacional, abaratando significativamente el precio final. Con una inversión de más de 85 mil millones de pesos distribuida hasta 2035, el país adquirirá capacidad técnica para desarrollar y fabricar estos medicamentos de manera autónoma.
Para lograrlo, el Instituto firmó un acuerdo con la empresa biotecnológica internacional 3PBIOVIAN, que incluye crear la línea celular base del medicamento, desarrollar los métodos de análisis necesarios, escalar la producción industrial y, lo más importante, transferir completamente el conocimiento al país. Esta transferencia tecnológica es clave: garantiza que Colombia no quede eternamente dependiente de alianzas externas.
Más allá del dinero, hay una razón humanitaria detrás del proyecto. Durante la pandemia, el mundo enfrentó crisis de suministro de medicamentos. Con producción local, los pacientes colombianos con cáncer estarían protegidos frente a situaciones así, asegurando continuidad en sus tratamientos sin importar lo que suceda globalmente. Este paso coloca a Colombia entre los países que avanzan hacia la biomanufactura pública de medicamentos complejos, fortaleciendo su capacidad científica y reduciendo la vulnerabilidad que genera depender del exterior en asuntos de salud.
Fuente original: KienyKe - Portada