Colombia enfrentó casi 400 mil desplazamientos forzados en 2024, con Norte de Santander como epicentro

Un informe del Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno reporta 394 mil desplazamientos internos en Colombia durante 2024. Norte de Santander es el departamento más golpeado, especialmente en la región del Catatumbo donde grupos armados ilegales disputan territorios. Las personas desplazadas llegan a las ciudades sin acceso a vivienda, empleo ni servicios básicos, agravando la crisis humanitaria que mantiene a Colombia entre los países con mayores cifras de desplazamiento en el mundo.
La situación del desplazamiento forzado en Colombia se agrava cada año y las cifras del 2024 lo confirman. El Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno presentó recientemente un informe alarmante: más de 394 mil personas fueron arrancadas de sus hogares por la violencia durante ese año. Una cifra que duele leer y que pone en evidencia que la problemática sigue creciendo en el país.
Ursulina Ossa, coordinadora de Datos para Latinoamérica del IDMC, fue quien presentó estos números y no anduvo con vueltas. En entrevista con Blu Radio, explicó que "Colombia sigue siendo uno de los países con mayores cifras de desplazamiento interno en el mundo. Lo que estamos viendo es una persistencia de las dinámicas de violencia que afectan principalmente a comunidades rurales, indígenas y afrodescendientes". Lo que Ossa describe es una realidad que afecta especialmente a quienes menos tienen: los más vulnerables terminan siendo los más perseguidos.
El departamento de Norte de Santander carga con la peor parte de esta tragedia. La región del Catatumbo, particularmente en municipios como Tibú, El Tarra y Convención, se ha convertido en un territorio de disputa constante entre grupos armados ilegales que luchan por controlar corredores estratégicos ligados a economías ilícitas. Son zonas donde la presencia de estos actores nunca ha desaparecido completamente.
Lo que hace aún más grave la situación es lo que sucede después del desplazamiento. Cuando estas familias llegan a los cascos urbanos, lo hacen sin nada: sin garantías de techo donde dormir, sin oportunidades de trabajo y sin acceso adecuado a servicios básicos. Los desplazados no terminan su calvario cuando se van de sus pueblos; comienza uno nuevo en las ciudades, donde las presiones sociales y humanitarias solo aumentan.
Todo esto ocurre a pesar de los acuerdos de paz que el gobierno actual ha promovido. El informe es un recordatorio incómodo de que los números de la paz en el papel no siempre se traducen en la realidad de la gente que sufre las consecuencias de la violencia todos los días.
Fuente original: Seguimiento
