Colombia debe responder con solidaridad a la tragedia de Venezuela
Un doble terremoto en Venezuela dejó miles de muertos y heridos, con historias extraordinarias de supervivencia entre los escombros. Colombia, especialmente el Caribe, tiene una responsabilidad moral de actuar ante la crisis humanitaria que se avecina. Comunidades fronterizas, iglesias y organizaciones ya han comenzado a recolectar ayuda, reconociendo que los lazos familiares y comerciales entre países trascienden cualquier frontera política.
Cuando una menor y una anciana lograron sobrevivir más de 250 horas atrapadas entre los escombros del doble terremoto que sacudió Venezuela, sus historias se convirtieron en símbolos de esperanza en medio de la desolación. Pero esos relatos de vida también nos enfrentan a una realidad cruda: el país vecino enfrenta una de sus peores catástrofes en años, con un balance oficial que habla de 2.954 personas fallecidas, 6.452 rescatadas con vida y más de 16.000 heridos amontonados en hospitales, clínicas y hasta en parques convertidos en centros de emergencia.
La fase inmediata de búsqueda y rescate entre los escombros ya comienza a ceder lugar a un desafío igual de complejo: la ayuda humanitaria y la reconstrucción. Esta etapa exigirá recursos económicos enormes, pero ante todo demanda un compromiso real de la comunidad internacional para que el país no derive en una crisis humanitaria aún más profunda.
Aquí es donde Colombia entra en juego, y no desde la distancia. El Caribe colombiano, en particular, comparte con Venezuela una historia que va mucho más allá de lo que cualquier mapa puede mostrar. La Guajira, el Cesar y Magdalena están ligados al vecino país por generaciones de comercio, cultura y sobre todo por vínculos familiares que nunca han entendido de fronteras. Miles de familias tienen raíces en ambos lados, y ese dolor que hoy vive Venezuela también golpea aquí.
Lo alentador es ver cómo ciudadanos, iglesias, empresarios y autoridades locales del Caribe ya han comenzado a organizarse. Campañas de recolección de alimentos, medicamentos, agua potable y ropa se multiplican en departamentos fronterizos. Es la respuesta que corresponde cuando la naturaleza no respeta gobiernos ni ideologías, cuando solo cuenta el ser humano que sufre.
La Guajira, por estar en la frontera más activa, tiene una responsabilidad moral especial. Pero esta no es una carga sino una oportunidad de demostrar que el Caribe colombiano sigue siendo tierra de hombres y mujeres capaces de tender la mano cuando más se necesita.
Porque Venezuela hoy no solo requiere maquinaria para remover escombros o médicos para salvar vidas. Lo que realmente necesita, en este momento, es sentir que no está sola. Y esa responsabilidad también es nuestra.
Fuente original: Diario del Norte
