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Colombia cae al puesto 16 en prosperidad latinoamericana: qué está fallando en la economía

Fuente: El Colombiano - Negocios
Colombia cae al puesto 16 en prosperidad latinoamericana: qué está fallando en la economía
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Un nuevo ranking internacional coloca a Colombia en la posición 16 entre países latinoamericanos en prosperidad económica, con 25,87 puntos, muy por debajo de Chile que lidera con 43,19. Los expertos señalan que el problema no es solo la falta de dinero, sino debilidades estructurales profundas como informalidad laboral del 55-58%, presencia estatal desigual en regiones, educación débil y justicia lenta. La brecha revelaría problemas de arquitectura institucional acumulados durante décadas, no solo mala distribución de ingresos.

Colombia acaba de recibir un golpe duro en el espejo: según el Índice de Prosperidad 2025-2026 elaborado por HelloSafe, que evaluó 186 países, nuestro país ocupa apenas la posición 16 en América Latina. Para ponerlo en perspectiva, Chile está en primer lugar con 43,19 puntos, Uruguay en segundo con 42,48 y Panamá en tercero con 40,36. Colombia apenas alcanza 25,87 puntos. La diferencia no es un detalle: es casi la mitad.

Pero aquí viene lo importante para entender qué significa esto en la realidad. Este ranking no es uno de esos que solo mira cuánto dinero produce un país. Usa seis variables para medir realmente cómo viven los ciudadanos: cuánta plata ganan por persona, cuánta ahorran, qué tan buenos son los servicios de salud y educación, y qué tan desigual es la riqueza. Dicho de otro modo: mide cómo está tu vida cotidiana, no solo los números macroeconómicos que reportan en la tele.

Clara Inés Pardo Martínez, profesora de la Universidad del Rosario, explica sin rodeos dónde está el problema real de Colombia. Según ella, "la seguridad territorial es incompleta; la presencia estatal en las regiones periféricas es desigual; la alta informalidad laboral (55-58 %) afecta la productividad, la recaudación y la protección social; existen brechas en la calidad educativa; la justicia es lenta y se percibe impunidad; la infraestructura logística es insuficiente; la sofisticación productiva es baja; y las exportaciones continúan concentradas principalmente en commodities". En otras palabras: demasiados trabajos informales sin protección, justicia que no funciona, carreteras e infraestructura deficientes, y una economía que sigue vendiendo principalmente materias primas sin transformarlas en productos de mayor valor.

Alejandro Espitia, politólogo de la Javeriana, añade una perspectiva distinta pero complementaria. Para él el asunto va más allá de qué tan rica o pobre sea una nación. "Lo relevante es cuánto produce un país medido por persona para poder hacer una comparación más justa sobre el nivel de prosperidad", dice. Y advierte que el reto inmediato es más fundamental: "lograr tener una institucionalidad fuerte. Adicionalmente que el Banco de la República conserve su independencia real y la justicia la conserve".

Mirando el panorama regional, la foto es desoladora en los extremos. Mientras Chile encabeza, Haití cierra la lista latinoamericana en la posición 23, con una brecha superior a los 25 puntos entre uno y otro. Brasil queda en el puesto 13 con 29,57 puntos, México en el 9 con 33,22 y Perú en el 10 con 32,53. Colombia quedó por debajo incluso de Argentina y República Dominicana.

Pardo sostiene que esta disparidad no es accidente ni coyuntura. Según ella, los problemas latinoamericanos vienen de lejos: "revela tres herencias históricas: Instituciones extractivas vs. inclusivas. Trampas de informalidad y baja productividad. Violencia y fragilidad del Estado. No es solo 'pobreza': es un problema de arquitectura institucional acumulada durante décadas". En otras palabras, durante siglos la región construyó instituciones débiles, sistemas que no protegen a todos por igual, y economías que no generan suficientes empleos formales.

Pero ni siquiera los países líderes están tranquilos. Pardo alerta sobre amenazas que podrían echar atrás los avances: "la persistencia de altos niveles de desigualdad, el envejecimiento demográfico de la población, la exposición a choques externos y la posible fatiga institucional derivada de un entorno político cada vez más polarizado o de un incremento en el descontento social". La receta para salir del hoyo, entonces, no es mágica: requiere fortalecer las instituciones, mejorar la educación, formalizar el empleo y construir un Estado presente en todo el territorio.

Fuente original: El Colombiano - Negocios

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