China aprueba el primer implante cerebral comercial que convierte pensamientos en movimientos

China acaba de autorizar el uso comercial del NEO, un implante cerebral que traduce pensamientos en acciones de una prótesis robótica. El dispositivo, del tamaño de una moneda, ya fue probado en 32 personas sin efectos adversos durante año y medio. Este avance coloca a China en la delantera de una carrera global por dominar la tecnología de interfaces cerebro-computadora, con planes ambiciosos para expandir la industria en los próximos cinco años.
China acaba de marcar un hito importante en la medicina: autorizó el primer implante cerebral diseñado específicamente para tratar la parálisis y disponible para uso comercial. El dispositivo, llamado NEO y creado por la empresa Neuracle Medical Technology, recibió el visto bueno de la Administración Nacional de Productos Médicos de China después de superar pruebas de seguridad que duraron más de un año.
El NEO funciona con una tecnología llamada interfaz cerebro-computadora (BCI), que suena compleja pero es relativamente directa: interpreta las señales eléctricas del cerebro relacionadas con la intención de mover algo. Cuando una persona imagina mover la mano, el implante detecta esa intención, envía la información a una computadora, y esta traduce esos datos en movimientos de una mano robótica. En la práctica, el sistema permite activar un guante mecánico capaz de cosas cotidianas como agarrar objetos, usar utensilios o ayudar con la higiene personal.
El implante es pequeño, del tamaño de una moneda, y se coloca dentro del cráneo. De él sobresalen ocho electrodos que se sitúan sobre la zona del cerebro encargada del control motor. Por ahora está dirigido a personas entre 19 y 60 años que viven con parálisis causada por lesiones en el cuello o la médula espinal. En los ensayos clínicos, 32 personas probaron el dispositivo durante 18 meses sin reportar efectos secundarios.
Este movimiento chino no es casual. Hace poco se filtró un documento de política pública en el que el gobierno chino esbozaba un plan para construir una industria de interfaces cerebro-computadora competitiva a nivel mundial en cinco años. "El gobierno chino siempre ha apoyado las tecnologías disruptivas. Creo que, desde el punto de vista del gobierno, esta política significa que la tecnología BCI ya ha pasado del nivel de concepto al de producto", explicó Phoenix Peng, cofundador y consejero delegado de NeuroXess.
Mientras otros desarrolladores como Neuralink han enfrentado obstáculos regulatorios por problemas detectados en pruebas, China acaba de dar un paso que ninguna otra empresa había logrado: autorizar comercialmente un implante cerebral invasivo para tratamiento médico. El plan chino también contempla la producción masiva de dispositivos no invasivos más adelante, como sistemas portátiles integrados en audífonos, gafas o visores. Estos dispositivos estarían pensados para sectores de alto riesgo como la minería, la energía nuclear o el manejo de materiales peligrosos.
Fuente original: El Tiempo - Tecnosfera

