Candidato acosó sexualmente a periodista en programa de televisión: un acto que indignó al país

Durante una entrevista en el programa "Piso 8", el candidato y abogado Abelardo de la Espriella intentó obligar a una periodista a ver imágenes de contenido sexual en su teléfono móvil. El episodio, que ocurrió en vivo, ha generado rechazo generalizado por tratarse de acoso sexual directo contra una profesional en ejercicio de su labor. El hecho expone la vulnerabilidad de las mujeres periodistas y cuestiona la ética y el respeto en los espacios públicos de comunicación.
Lo que pudo haber sido una entrevista o debate periodístico en el programa "Piso 8" se convirtió en una escena de acoso sexual que dejó un sabor amargo en quienes la presenciaron. El candidato y abogado Abelardo de la Espriella propasó todos los límites del respeto al presionar a una periodista para que observara imágenes de contenido sexual en su celular.
Durante la transmisión, De la Espriella insistía con expresiones como "Te voy a decir dónde es que está la vaina para que tú veas… con esta foto me gané unos votos bien bacanos del electorado femenino". Luego continuó presionando: "Estoy mal de culo, pero miren esta foto… ¿Qué ves aquí? ¿Qué ves aquí, cariño? Ven… Acércala y dime qué ves ahí". La periodista, incómoda, intentaba desviar la atención hacia otros detalles, respondiendo cosas como "Dice Nariño, aguardiente… sí… ¡Tiene sombrero! ¡Tiene sombrero!", buscando desesperadamente terminar ese incómodo momento.
Este comportamiento no fue una anécdota graciosa ni una broma de mal gusto. Fue acoso sexual directo. Al utilizar su cuerpo como herramienta de intimidación, De la Espriella no solo agredió la dignidad de una mujer en el ejercicio de su profesión, sino que intentó despojarla de su autoridad y reduce su rol de comunicadora a la nada. Es violencia simbólica pura.
Lo más preocupante es la naturalidad con la que sucedió. Forzar a una periodista a interactuar con insinuaciones sobre el cuerpo del agresor es una táctica deliberada de humillación diseñada para desestabilizarla y quitarle poder en ese espacio.
El episodio deja al descubierto una realidad incómoda: muchas mujeres en los medios de comunicación deben enfrentar el acoso cuando todo lo que hacen es ejercer su profesión con seriedad. A veces el intelecto es respondido con grosería y abuso.
Esto no puede pasar desapercibido ni normalizarse como una simple excentricidad. El acoso sexual no tiene lugar en ningún espacio, menos en los micrófonos de un medio nacional. La respuesta de la sociedad debe ser contundente: el respeto a la mujer y a la profesión periodística no es negociable. Conductas como esta solo muestran una falta total de madurez moral para ocupar cualquier cargo de liderazgo público.
Fuente original: San Andrés Hoy

