Bogotá entre la promesa de seguridad y la realidad de crímenes a plena luz del día

La capital enfrenta una ola de robos y asesinatos en espacios públicos que contrasta con la promesa de campaña del alcalde Carlos Fernando Galán de una "Bogotá segura". Aunque las estadísticas muestran algunos indicadores a la baja, casos como el asesinato de un trabajador de Acueducto en Salitre o los atracos en semáforos generan alarma. Las autoridades atribuyen la violencia a problemas de convivencia y a la fragmentación del crimen organizado, donde operan decenas de bandas sin un control hegemónico único.
En Bogotá se está evaporando lentamente la promesa de seguridad que llevó al alcalde Carlos Fernando Galán a la alcaldía. Cada semana traen noticias de delitos que ocurren a media tarde, grabados por cámaras, compartidos en redes sociales, y que ponen en evidencia a una ciudad donde cualquiera puede ser víctima de criminales. Los capitalinos caminan por sus calles sintiéndose vulnerables ante la delincuencia común y las organizaciones del crimen organizado que operan sin mucho control en sus barrios.
El lunes pasado, a las dos de la tarde, fue asesinado a tiros Néstor Harry Acosta Leal, quien trabajaba en la Empresa de Acueducto de Bogotá, en plena localidad de Salitre ante la vista de todos. Los asesinos escaparon en moto por la avenida La Esperanza. Ese mismo día, tres hombres armados rodearon una camioneta Mazda roja en un semáforo de Suba, en menos de 30 segundos despojaron a sus ocupantes de celulares, dinero y pertenencias. Horas después, en el barrio Los Israelitas de Bosa, la universitaria y bailarina Luz Ángela Peña fue sorprendida por un delincuente con puñal; cuando ella se resistió aferrándose a su mochila, le propinó varias cortadas antes de huir con su bolso.
A estos hechos se suman crímenes que han generado alarma nacional. El 11 de febrero, el empresario Gustavo Andrés Aponte Fonnegra y su escolta Luis Gabriel Gutiérrez fueron asesinados en las afueras de un gimnasio del norte. El 7 de junio de 2025, mataron al precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay en un mitin político en Modelia. Y en abril del año pasado, un francotirador mató al esmeraldero Hernando Sánchez en Bosques del Marqués.
Estos eventos contrastan fuertemente con el lema que llevó a Galán a ganar: "Bogotá camina segura". Cuando ocurren estos hechos graves, la Administración responde con cifras: a febrero de 2026 se documentaron 173 homicidios (tres menos que en igual periodo de 2025), hubo 19.869 hurtos a personas (1.223 menos que el año anterior) y 393 hurtos de vehículos (130 menos). En entrevista con Caracol TV, el alcalde Galán reconoció que "sin duda tenemos un reto grande de seguridad" y señaló que históricamente en Bogotá ocurren más de 150.000 hurtos anuales. Aseguró que su administración ha dotado a la Policía con "vehículos, comunicaciones, cámaras y demás", pero "infortunadamente siguen ocurriendo hechos graves de violencia".
Galán ha insistido en dos frentes. Primero, pidió reformas legales para que los delincuentes reincidentes no salgan rápido de las cárceles. Para eso sostuvo una reunión con 17 congresistas en la que planteó la necesidad de crear leyes que impidan que alguien detenido cinco o diez veces "al final termine en libertad y cometiendo un crimen grave". Segundo, señaló la dificultad que enfrenta la Policía para acceder a grabaciones de cámaras privadas y comerciales debido a limitaciones normativas.
Según fuentes policiales consultadas por El Colombiano, los problemas de seguridad de Bogotá tienen dos orígenes principales: conflictos de convivencia por la confluencia de múltiples culturas y migrantes de todo el país y el extranjero con escaso nivel de tolerancia, y la presencia de cientos de bandas criminales de diferentes tamaños que se disputan las calles para vender drogas y extorsionar. A diferencia de otras ciudades como Medellín o Urabá, en Bogotá no existe un actor armado hegemónico que controle el territorio, lo que genera constantes enfrentamientos entre organizaciones. Entre los grupos más activos están la banda de "Satánas" y el Tren de Aragua, además de células del Clan del Golfo, la Nueva Junta Directiva del Narcotráfico, disidencias de las Farc, el ELN y células anarquistas enquistadas en universidades públicas.
Fuente original: El Colombiano - Colombia



