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Bogotá campaña contra usar TransMilenio como camioneta de mudanza

Fuente: Portafolio - Economía
Bogotá campaña contra usar TransMilenio como camioneta de mudanza
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La Alcaldía de Bogotá lanzó una campaña para frenar comportamientos que dañan el sistema de transporte, especialmente el traslado de muebles y objetos voluminosos en buses articulados. Estos actos afectan la operación, la convivencia y generan sobrecostos que terminan pagando todos los usuarios. Las multas por exceso de carga pueden alcanzar 618.666 pesos, pero el problema más profundo es cultural: el sistema necesita de la cooperación ciudadana para funcionar eficientemente.

Millones de bogotanos desayunan, almuerzan y cenan pensando en TransMilenio. Es el sistema que los conecta con el trabajo, el colegio, la universidad. Pero esa dependencia diaria ha expuesto un problema que trasciende lo técnico: cómo algunos usuarios entienden que el bus articulado es una especie de camioneta de mudanza gratuita. Colchones, armarios, sillas ergonómicas, electrodomésticos y hasta camas han sido subidas a los buses, congestión mediante, incomodidad al cuerpo, y caos operativo de regalo.

Por eso la Alcaldía Mayor lanzó la campaña "TransMilenio no es un vehículo para hacer trasteos". Suena obvio, pero no lo es tanto en una ciudad donde esto se repite constantemente. El problema no es solo la molestia de viajar apretujado junto a una nevera o un sofá. Estos comportamientos obstaculizan la capacidad de movimiento dentro de los buses, ponen en riesgo a otros pasajeros y, sobre todo, afectan la eficiencia de un sistema que necesita operar sin fricciones para responder a la demanda diaria de millones de viajes.

La normativa existe y tiene colmillos. El artículo 146 del Código Nacional de Policía y Convivencia establece que los objetos no pueden exceder los 60 centímetros en ninguna de sus dimensiones. Quien incumpla enfrenta multas cercanas a los 618.666 pesos. Pero la multa es apenas la consecuencia. Lo real es que cuando alguien sube un mueble a un bus que viaja lleno, está robando espacio a quien necesita ese asiento para llegar al hospital, a quien va a trabajar, a quien regresa cansado a casa.

El conflicto, sin embargo, va más allá del trasteo. Está también quien se cuela sin pagar pasaje, quien daña la infraestructura, quien agrede a otros usuarios. Pequeños actos que, multiplicados por millones de viajes al mes, drenan las finanzas del sistema, limitan su capacidad de invertir en mantenimiento y deterioran la calidad del servicio para todos. En otras palabras: cuando alguien se cuela, está contribuyendo a que la próxima vez el bus llegue más tarde a tu parada.

La invitación que hace la administración distrital es directa: respetar los accesos designados, pagar el pasaje, mantener la carga dentro de los límites permitidos y, en general, reconocer que estar en TransMilenio es estar en un espacio público compartido. Con la llegada del Metro de Bogotá en los próximos años, estas buenas prácticas tendrán aún más importancia. Pero de nada sirve invertir en infraestructura si no hay cultura. TransMilenio necesita cooperación activa, no solo máquinas. Entender qué no se debe hacer es el primer paso para que millones de bogotanos tengan una movilidad más fluida, segura y humana.

Fuente original: Portafolio - Economía

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