Bertha Mejía: la mujer que conquistó a Diomedes Díaz con un beso en La Junta
Bertha Rosario Mejía Acosta, paisana de Diomedes Díaz en La Guajira, falleció recientemente dejando una historia de amor que quedó registrada en la música vallenata. Su encuentro con el joven 'Medes', de apenas 17 años, comenzó con un beso en los carnavales del pueblo y resultó en el nacimiento de Rosa Elvira, su hija. Aunque Diomedes después se casó con Patricia Acosta, prima de Bertha, él siempre fue generoso con ella, y varias de sus canciones inmortalizaron ese amor juvenil vivido a escondidas.
En La Junta, La Guajira, acaba de partir una mujer que guardaba en el corazón uno de esos amores que la música vallenata ha sabido contar mejor que nadie. Bertha Rosario Mejía Acosta se fue dejando tras de sí la historia de su encuentro con Diomedes Díaz Maestre, el joven que a los 17 años le cambió la vida con un gesto tan simple como inesperado: un beso en la espalda mientras ella estaba sentada en una banca durante los carnavales del pueblo.
Bertha contó muchas veces cómo todo pasó. Ella llevaba puesta una blusa de canastica ese día cuando 'Medes' se le acercó y le estampó aquel beso. Cuando le reclamó, él le respondió que le había provocado porque le gustaba. Lo que comenzó como un coqueteo se convirtió en algo más profundo, pero tenían que verse a escondidas. La madre de Bertha, Eugenia María Acosta, no aceptaba el romance argumentando que Diomedes era un pelao parrandero sin futuro aparente. Sin embargo, todo cambió cuando ella le contó que estaba embarazada. Acostada en una hamaca, le dio la noticia y él se alegró. De esa unión nació Rosa Elvira, quien se convirtió en el regalo más valioso que Bertha recibió de la vida.
Ese amor duró cinco años rodeado de versos, detalles y canciones. Los padres de Diomedes, Rafael y Elvira, fueron clave en ese tiempo. Como el muchacho estaba estudiando y no tenía recursos, ellos apoyaron a la pareja. Bertha nunca olvidó su generosidad. Años después, cuando Diomedes regaló unos areticos de oro a su hija, esa dádiva inspiró una canción que Daniel Celedón grabó con el acordeón de Norberto Romero, donde se escucha aquella frase que quedó para la historia: "Compadre Daniel me le lleva ese regalito a su ahijada, y me le da un abrazo a la mamá".
Pero la vida tomó otro camino. Bertha le contó a Diomedes que su prima Patricia Acosta estaba enamorada de él. Tiempo después, él se casó con Patricia. Bertha no se opuso porque entendía que era la decisión de 'Medes'. Lo importante, dice ella, es que nunca le quedó mal. Fue generoso y ella solo tuvo palabras de agradecimiento. La vida le había dado lo más precioso: una hija.
Las canciones que nacieron en aquella época cuando ella era dueña del corazón de 'El Cacique de La Junta' quedaron como testimonio de ese amor. Temas como 'Cariñito de mi vida' y 'El aguinaldo' son los puentes por los que aún transitan sus recuerdos cada vez que los escucha. Bertha describía a Diomedes como una persona humilde, detallista y tierna, apenas dando sus primeros pasos en la música bajo la guía de su tío Martín Maestre, quien lo encaminó por el folclor.
Hace años, Bertha veía cada noche la telenovela 'El Cacique de La Junta', donde su propia historia era contada con nombre propio, interpretada por la actriz Carolina Duarte. Ella reconocía que había cosas ciertas y otras de ficción, pero le parecía que capturaba bien la vida de ese artista tan grande que marcó el vallenato.
Ahora que Bertha se ha ido, su hija Rosa Elvira la recuerda como el sol que nunca se apagó, como la consejera que guió sus pasos. Bertha se fue, pero dejó su mecedora vacía en La Junta, ese pueblo donde vivió viendo cada día el monumento de Diomedes Díaz, ubicado a pocos metros de su casa, recordando siempre aquel verso que le dedicó: "Quiero cantarte mi vida y eso para mí es placer, tú eres la mujer más linda que he podido conocer".
Fuente original: Diario del Norte
