Astrónomos descubren una supertierra a 91 años luz con un año de solo 61 días

Un grupo internacional de astrónomos identificó un nuevo exoplaneta llamado HD 176986 d orbitando una estrella similar al Sol. El planeta tiene una masa siete veces menor a la de la Tierra y completa su órbita en 61 días. El descubrimiento requirió más de 350 noches de observación y tecnología avanzada para detectar una señal tan débil en el espacio.
Después de años de pacientes observaciones, astrónomos de diferentes países confirmaron el hallazgo de un nuevo mundo rocoso en el espacio. El planeta, denominado HD 176986 d, se encuentra a 91 años luz de la Tierra y orbita una estrella llamada HD 176986. Este descubrimiento se suma a otros dos planetas ya conocidos en el mismo sistema, lo que convierte a HD 176986 en un laboratorio natural para entender cómo se forman y evolucionan los mundos alrededor de estrellas como nuestro Sol.
Lo que hace especial a este hallazgo es que HD 176986 d pertenece a una categoría rara de planetas. Tiene una masa siete veces menor a la de la Tierra y completa su órbita en 61,4 días, situándose más alejado de su estrella que los otros dos planetas del sistema. Los científicos explican que solo alrededor de una docena de planetas conocidos reúnen estas características: órbitas superiores a 50 días y masas moderadas. Esta combinación los hace extremadamente difíciles de detectar desde la Tierra.
Los astrónomos emplearon una técnica llamada velocidad radial, que funciona midiendo pequeños movimientos de la estrella provocados por la atracción gravitacional de los planetas que la rodean. Para lograr esto, utilizaron espectrógrafos avanzados como HARPS, ESPRESSO y HARPS-N, además de un sistema llamado YARARA que limpia el ruido en los datos para que la señal del planeta se vea claramente. El proceso fue largo porque las estrellas tienen manchas, cambios magnéticos y otros fenómenos que pueden confundir a los científicos haciéndoles pensar que detectaron un planeta cuando en realidad observaban actividad propia de la estrella.
Por eso fue necesario más de 350 noches de observación y un análisis exhaustivo que se extendió durante años. Solo así los investigadores pudieron confirmar con certeza que la señal que veían correspondía efectivamente a un planeta y no a caprichos de la estrella. Este tipo de espera prolongada es crucial en la astronomía moderna, donde los datos fríos y la paciencia garantizan descubrimientos reales.
Este exoplaneta pertenece a la categoría de supertierras: mundos más grandes que nuestro planeta pero más pequeños que los gigantes gaseosos como Júpiter. Su estudio proporciona información valiosa sobre la diversidad de planetas que existen en nuestra galaxia y cómo se distribuyen alrededor de otras estrellas. El hallazgo también demuestra que las técnicas de observación modernas, cuando se combinan adecuadamente con paciencia y análisis riguroso, son capaces de revelar mundos que antes permanecían invisibles para la ciencia.
Fuente original: El Tiempo - Vida