Amenaza de constriñimiento electoral pone en riesgo la libertad del voto en Colombia

Colombia enfrenta denuncias sobre presiones armadas en más de cien municipios que podrían afectar la libertad de voto, especialmente en regiones olvidadas por el Estado. El columnista Hernán Baquero Bracho alerta que cuando las armas sustituyen las ideas, la democracia pierde legitimidad. La investigación rigurosa de estas alertas y la presencia institucional real en territorios vulnerables son tareas urgentes que trascienden cualquier preferencia política.
El debate sobre la libertad electoral ha vuelto a ocupar el centro de la discusión pública en Colombia. Las denuncias sobre posibles presiones armadas en más de cien municipios no pueden verse como un simple episodio de campaña, sino como una amenaza directa contra los cimientos mismos de la democracia. Cuando se habla de órdenes provenientes de estructuras criminales ilegales para condicionar el voto, el país debe entender que está frente a un problema que va mucho más allá de quién gane las elecciones.
El columnista Hernán Baquero Bracho señala que la magnitud del problema es especialmente grave porque se mencionan más de cinco millones de votos potencialmente afectados en regiones donde el Estado ha tenido una presencia históricamente débil. Si esta cifra se confirma aunque sea parcialmente, estaríamos ante uno de los episodios más serios de presión electoral en la historia contemporánea del país. El problema de fondo es que muchas zonas del territorio nacional permanecen atrapadas entre la pobreza, el abandono institucional y el control de estructuras criminales, donde el ciudadano frecuentemente vota por supervivencia y no por convicción.
Sin embargo, cualquier acusación de esta magnitud debe investigarse con absoluta rigurosidad institucional. No se puede caer en la ingenuidad de ignorar las alertas, pero tampoco en la irresponsabilidad de condenar sin pruebas concluyentes. La democracia exige evidencias claras e investigaciones transparentes que garanticen los derechos de todos los actores políticos involucrados.
La responsabilidad institucional es enorme en este momento. La Fiscalía, la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo y las Fuerzas Militares deben actuar de manera preventiva desde ahora, no esperar a que los problemas se materialicen el día de las elecciones. Los pronunciamientos desde Bogotá no son suficientes; se necesita presencia real del Estado en los territorios donde existen estas alertas tempranas.
Otro aspecto que preocupa al columnista es el silencio de algunos sectores políticos frente a estas denuncias. La defensa de la libertad electoral no puede depender de si las presiones favorecen o perjudican a un lado u otro de la polarización. Quien hoy guarda silencio porque cree que el constriñimiento beneficia su proyecto político, mañana no tendrá autoridad moral para denunciar abusos similares.
Las personas que viven en los municipios más vulnerables del país tienen exactamente los mismos derechos constitucionales que cualquier habitante de las grandes ciudades. El campesino, el indígena, el comerciante, el maestro y el joven merecen votar con dignidad y tranquilidad, sin el miedo que genera la presencia de grupos armados ilegales.
Baquero Bracho es enfático al advertir que ningún proyecto político, sea de izquierda o de derecha, puede considerarse democrático o legítimo si su crecimiento electoral depende del miedo o la intimidación. La verdadera victoria democrática nace de la convicción ciudadana, nunca de la presión de las armas. Cuando el miedo entra a los puestos de votación, la democracia comienza a perder su alma.
Fuente original: Guajira News

