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Académicos advierten: confusión del Gobierno sobre energía podría poner en riesgo al país

Fuente: Noticias Valledupar

Expertos cuestionan cómo el Gobierno interpreta la transición energética colombiana, señalando que confunde la matriz eléctrica con la energética total. Aunque la electricidad es mayoritariamente limpia, solo representa el 18% del consumo nacional, mientras que el 82% depende de combustibles fósiles. Los académicos alertan que decisiones basadas en esta interpretación incompleta podrían causar desabastecimiento y crisis económica.

El debate sobre el futuro energético de Colombia ha dejado de ser cosa de politiquería para convertirse en un asunto de números y rigor técnico. Y eso es precisamente lo que está preocupando a los académicos del país: que el Gobierno esté cometiendo un error conceptual grave que podría tener consecuencias serias.

El geólogo Amat Zuluaga ha sido uno de los más enfático en señalar la confusión. El problema es que existe una diferencia crítica entre la matriz eléctrica y la matriz energética total del país, pero estas dos cosas no están siendo vistas como lo que realmente son: cosas muy diferentes. Y eso importa porque no es un detalle técnico sin importancia. Las decisiones que se tomen basadas en una interpretación equivocada pueden afectar directamente la seguridad nacional.

Veamos los números reales. Sí, la matriz eléctrica de Colombia es bastante limpia, gracias principalmente a las hidroeléctricas. Pero aquí está lo fundamental: esa electricidad limpia solo representa el 18% de toda la energía que consume el país. El 82% restante sigue proviniendo de combustibles fósiles. Las energías renovables como la solar, la eólica y la biomasa no llegan ni al 12% del consumo total. Eso significa que Colombia sigue siendo, en términos reales, un país que depende masivamente de fuentes tradicionales para mover su industria y su transporte.

El riesgo es que una lectura incompleta de esta realidad pueda llevar al Gobierno a tomar medidas que suenen bien en un discurso pero que en la práctica sean peligrosas. Por ejemplo, frenar abruptamente la exploración de petróleo y gas sin tener alternativas reales podría dejar al país sin energía suficiente, ahuyentar inversionistas y provocar una crisis estructural en el sistema energético.

Los académicos no están diciendo que Colombia no deba hacer una transición. Lo que piden es que sea un proceso técnico, planificado y realista, no una narrativa política bonita pero sin piso en la realidad. La transición energética necesita inversiones sostenidas y tiempos que correspondan con la realidad del país, no con la prisa de un discurso.

El llamado final es claro: que el Gobierno evite interpretaciones a media mientras que prioriza la estabilidad del sistema energético. Porque una cosa es tener ideales sobre energía limpia, y otra muy diferente es dejar a millones de colombianos sin luz mientras se implementan esos ideales.

Fuente original: Noticias Valledupar

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