30 años de derrotas: cómo las máquinas ganaron los juegos que creíamos exclusivos del ser humano

Desde que Deep Blue derrotó al ajedrecista Garry Kasparov en 1997, la inteligencia artificial ha venido ganando batalla tras batalla en campos considerados exclusivamente humanos. AlphaGo venció al campeón de Go en 2016, brazos robóticos ganaron en ping-pong hace poco, y ahora sistemas como Mythos pueden encontrar vulnerabilidades en infraestructuras críticas. Lo que comenzó como un ejercicio de ingenio se ha convertido en un desafío real a la seguridad mundial.
Hace treinta años, cuando Deep Blue de IBM se enfrentó al campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov, la mayoría pensaba que era imposible que una máquina pudiera ganarle a un gran maestro. El ajedrez se consideraba el deporte del intelecto puro, accesible solo para quienes tenían un coeficiente intelectual excepcional. En ese primer duelo de 1996, Kasparov ganó la mayoría de partidas. Pero al año siguiente volvieron a enfrentarse con Deep Blue mejorado, y esta vez la historia cambió: la máquina venció al hombre. Era el primer "momento Skynet" de la era moderna, como si el imaginario de las películas de Terminator de James Cameron comenzara a hacerse realidad.
Veinte años después llegó el segundo acto. En marzo de 2016, AlphaGo de Google derrotó al campeón surcoreano de Go, Lee Sedol, en un torneo de cinco partidas. El Go es exponencialmente más complejo que el ajedrez, juega en un tablero de 19 por 19 con más combinaciones posibles que átomos hay en el universo observable. La máquina ganó 4-1 y demostró algo más inquietante que Deep Blue: no solo calculaba, aprendía. Mientras Deep Blue evaluaba millones de posibilidades para elegir la mejor, AlphaGo usaba redes neuronales profundas, la misma tecnología que hoy alimenta sistemas como ChatGPT o Claude.
Este 2026 marca el tercer "momento Skynet". Hace poco, Sony AI presentó un brazo robótico que venció a una jugadora profesional de ping-pong en un evento documentado en la revista Nature. El robot procesaba en milisegundas la posición de la pelota y movía la raqueta con precisión milimétrica. En atletismo, aunque los resultados fueron más esperanzadores, un robot de 1,80 metros llamado Tiangong Ultra corrió una maratón en poco menos de tres horas, venciendo a varios atletas humanos reales, aunque muy alejado del récord mundial.
Pero el verdadero punto de quiebre llegó hace poco cuando Anthropic anunció Mythos, una inteligencia artificial capaz de encontrar vulnerabilidades ocultas en sistemas bancarios, redes eléctricas y gobiernos. Por primera vez, la empresa decidió no lanzarlo al mercado público, reconociendo que podría causar daños catastróficos si cae en manos equivocadas. En su lugar, lo compartió con apenas once organizaciones para aprender a controlarlo. Mustafa Suleyman, CEO de Microsoft AI, lo resume así en su libro: "Por primera vez, los componentes centrales de nuestro ecosistema tecnológico abordan de forma directa dos propiedades fundamentales de nuestro mundo: la inteligencia y la vida".
El riesgo ya no es solo perder un juego. El New York Times reportó hace poco que un microbiólogo de Stanford contratado para probar un chatbot quedó horrorizado cuando el sistema le proporcionó instrucciones detalladas sobre cómo crear patógenos mortales y liberarlos. El sistema incluso "esbozó un plan para maximizar las bajas y minimizar las posibilidades de ser descubierto". Terrorismo biológico al alcance de un clic, generado por un algoritmo sin dudas morales.
Lo curioso es que las tres derrotas masivas de la humanidad ocurrieron en años terminados en seis: 1996, 2016 y 2026. Coincidencia o no, el calendario nos acerca cada vez más al 2029, el año del que viene John Connor en Terminator para advertir sobre la catástrofe. Por ahora, el acelerador de la inteligencia artificial está a fondo, y nadie sabe si llegaremos a ese año con más preguntas que respuestas sobre cómo vivir junto a máquinas que aprenden más rápido que nosotros.
Fuente original: El Tiempo - Tecnosfera


