Westcol genera ruido electoral pero sin claridad: ¿qué buscan realmente estas entrevistas?
Las entrevistas de Westcol a Gustavo Petro y Álvaro Uribe adquieren dimensión política en plena antesala electoral, pero carecen de propósito claro y metodología. Mientras que Petro debe cuidarse de usar su investidura presidencial de forma proselitista, Uribe corre el riesgo de ensombrecer la candidatura de Paloma Valencia al mantenerla orbitando su figura. El debate central es si el contenido viral realmente mueve votos o solo genera conversación digital sin sustancia democrática.
En la cancha política colombiana, las entrevistas que el creador de contenido Westcol le hizo a Gustavo Petro el 26 de marzo y a Álvaro Uribe el 10 de mayo no son simples episodios de Internet que pasen desapercibidos. Con elecciones presidenciales a la vista y una ciudadanía cansada de polarización, esos encuentros se convirtieron inevitablemente en actos políticos con capacidad real de incidir en la conversación pública del país. No se trata solo de entretenimiento para redes sociales.
Es verdad que Westcol tiene una audiencia enorme, especialmente entre jóvenes, y que nuevas generaciones se acerquen a la política por canales distintos a la televisión tradicional puede ser saludable para cualquier democracia. Pero ahí empieza el problema: espacios de ese alcance necesitan una dirección clara, una metodología mínima y una intención pedagógica visible. Una entrevista con un presidente en ejercicio o un expresidente tan determinante en la historia reciente del país no puede quedarse solo en la anécdota o en el video que se viraliza en TikTok. La pregunta que todos deberíamos hacernos es simple: ¿para qué fueron esas entrevistas?
Si lo que buscaba era acercar la política a los jóvenes, faltó estructura. Si era contrastar visiones de país, faltó método y preguntas más profundas. Si permitía que cada figura se explicara ante una audiencia distinta, faltaron mejores cuestionamientos y confrontación honesta de ideas. Y si el propósito era incidir en el clima electoral para que los colombianos voten mejor, entonces el asunto es mucho más delicado y exige una discusión seria sobre responsabilidad democrática.
El caso de Petro amerita cuidado especial. Un presidente en ejercicio no puede actuar como jefe de campaña ni usar su posición para intervenir indebidamente en la contienda política. Conceder una entrevista no es automáticamente una infracción, pero en plena antesala electoral, cualquier aparición del Jefe del Estado ante audiencias jóvenes adquiere tono de campaña si se usa para atacar adversarios o marcar la agenda política. El presidente tiene derecho a comunicar, pero tiene límites. No habla como un ciudadano más: habla desde el poder del Estado, con una amplificación institucional que ningún otro actor posee.
Con Uribe el panorama es diferente. Él ya no es presidente y tiene todo el derecho a participar en política, opinar y defender su sector. Pero aquí surge una pregunta estratégica más compleja: ¿realmente ayuda a Paloma Valencia que Uribe sea tan protagónico en estos espacios, o termina nublando su candidatura? Paloma necesita proyectarse con liderazgo propio, voz propia y agenda propia. Si cada gran movimiento comunicativo de su sector vuelve a poner a Uribe en el centro del escenario, el mensaje que recibe mucha gente es que la candidatura sigue girando alrededor del expresidente. Eso puede emocionar a su base más fiel, pero no necesariamente convence a los indecisos ni a quienes buscan una alternativa distinta sin sentir que regresan al pasado.
Hay otro asunto que nadie discute: la eficacia electoral real. ¿Estas entrevistas realmente mueven votos? ¿Convencen a alguien nuevo? ¿Cambian opiniones o simplemente generan conversación digital unas horas? Confundir audiencia con influencia es un error muy frecuente en política moderna. Un contenido puede tener cientos de miles de visualizaciones y aun así no traducirse en votos, organización o cambio de opinión genuino. La política convertida en espectáculo genera clips y memes, pero eso no significa que esté formando ciudadanía con decisiones electorales conscientes.
Una campaña presidencial no se gana solo con ruido digital. Se gana con mensaje claro, credibilidad, estructura sólida, propuestas reales y capacidad de ampliar la conversación más allá de los convencidos. Westcol y otros creadores pueden entrevistar a quien quieran, claro está. Pero cuando se sientan frente a personajes de ese peso político, deben entender la responsabilidad del espacio que están creando. No se les pide ser periodistas tradicionales, pero sí preparación, criterio y conciencia sobre el efecto político real de su alcance.
Colombia necesita conversaciones públicas más claras, no solo más virales. Necesita espacios donde se diferencien proyectos, se hagan preguntas difíciles y se contraste honestamente qué ofrece cada candidato. La democracia reclama comunicadores preparados y confiables que contribuyan a una verdadera cultura política en la sociedad.
Fuente original: Minuto30

