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Wanda Torreblanca: de Maicao al liderazgo social que transforma La Guajira

Fuente: Guajira News
Wanda Torreblanca: de Maicao al liderazgo social que transforma La Guajira
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Wanda Torreblanca, una guajira de 34 años nacida en Maicao, ha dedicado su vida a trabajar por las comunidades más vulnerables de su departamento. Como gerente de la Fundación Rosa Iguarán, ha impulsado iniciativas que fortalecen a las mujeres wayuu, preservan su cultura y generan oportunidades económicas. Actualmente atienden más de seiscientas familias en veinte comunidades de Uribia, Riohacha y Maicao.

En Maicao nacieron sus raíces, pero su propósito se extendió por toda La Guajira. Wanda Torreblanca es una mujer de 34 años que encontró en el trabajo comunitario más que una profesión: encontró su razón de ser. Esposa, madre de dos niñas, empresaria y gestora social, ha construido su camino sobre tres cimientos que definen su vida: la familia, la fe y el servicio a otros. Su especialidad en Gerencia de Proyectos no es solo un diploma colgado en una pared, sino herramientas que ha puesto al servicio de quienes más las necesitan.

Hace más de ocho años, Wanda decidió que quería hacer la diferencia de verdad. Así nació la Fundación Rosa Iguarán, un proyecto que surgió de "una convicción profunda" como ella misma lo cuenta. El objetivo era cristalino: "contribuir al bienestar y al desarrollo de las comunidades más vulnerables de La Guajira, especialmente de las mujeres wayuu, fortaleciendo sus capacidades, promoviendo su autonomía económica y generando oportunidades para cientos de familias." Dicho y hecho. Hoy la fundación trabaja en empoderamiento femenino, fortalecimiento artesanal, liderazgo comunitario, atención a la niñez y preservación cultural wayuu.

Lo que comenzó como una idea se convirtió en resultados concretos. Las cifras hablan por sí solas: más de veinte comunidades en los municipios de Uribia, Riohacha y Maicao, más de seiscientas familias impactadas, y procesos productivos que permiten a las mujeres wayuu usar sus conocimientos ancestrales como herramienta para generar ingresos sin perder su identidad cultural. Quienes han trabajado a su lado subrayan su compromiso genuino con las comunidades, su capacidad de gestión y esa cercanía que no es fingida sino auténtica.

Pero Wanda no olvida que nada se construye en solitario. Su esposo, Humberto Iguarán, ha estado ahí en cada paso, no solo como compañero de vida sino como apoyo decidido del proyecto. Juntos han entendido que "servir a las comunidades implica compromiso, dedicación y responsabilidad, pero también la satisfacción de observar cómo las acciones desarrolladas generan oportunidades para las personas y fortalecen los procesos comunitarios."

Para ella, los reconocimientos y los cargos ocupados no son lo que la mantiene en movimiento. "Mi mayor satisfacción no está en los reconocimientos ni en los cargos que he ocupado. Está en saber que hemos aportado al fortalecimiento de comunidades, acompañado procesos de crecimiento personal y contribuido a abrir oportunidades para otras mujeres." Así piensa quien ha decidido que su vida sea útil, que cada día sea una oportunidad para que alguien más crea en sí mismo.

Hoy, con la misma convicción del primer día, Wanda sigue adelante en su misión: que más mujeres desarrollen su potencial, que las comunidades indígenas tengan mayores oportunidades y que La Guajira continúe brillando por su riqueza cultural y su capacidad de transformación. Porque cuando el propósito es el brújula, cada esfuerzo se convierte en un cambio real que deja huella.

Fuente original: Guajira News

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