¿Vota por el candidato o por todo el equipo? La pregunta que define la elección de 2026
Las fórmulas vicepresidenciales de 2026 ya no son decorativas: en muchos casos tienen más experiencia técnica que el candidato presidencial. Esto plantea una pregunta incómoda: los colombianos eligen por discurso emocional mientras dejan a los vicepresidentes como el "software" que sostiene la administración. Los analistas advierten que votar con emocionalidad ha costado caro históricamente, y esta vez debería importar si el equipo completo sabe realmente gobernar.
La carrera hacia 2026 está mostrando un fenómeno que pocos esperaban ver en Colombia. Las duplas vicepresidenciales han dejado de ser simples rellenos de cuota regional para convertirse en figuras que generan credibilidad. Cuando miramos fórmulas como la de Cepeda con Quilcué, Valencia con Oviedo, o De la Espriella con Restrepo, sale a la luz una realidad incómoda: en varios casos, quien va de acompañante tiene un currículo técnico y una experiencia en gestión que supera ampliamente la del candidato que aspira a la presidencia.
La pregunta que todo elector debería hacerse es directa: ¿estamos eligiendo a alguien que sepa administrar un país o simplemente a quien mejor se desempeña en redes sociales y discursos inflamables? Los candidatos actúan como la parte emocional y visible del poder, mientras que sus vicepresidentes aparecen como el componente técnico que evita que todo se desmorone desde el primer día. Es una estrategia de compensación donde la experiencia de unos intenta contrapesar la inexperiencia administrativa de los otros.
El caso de la derecha más disruptiva ilustra esto claramente. Tener a un economista con doctorado y exministro de Hacienda como José Manuel Restrepo al lado de Abelardo de la Espriella es un mensaje explícito: aquí hay un "adulto en la sala". Básicamente, le dicen al país que aunque el espectáculo mediático será intenso, habrá un respaldo académico e institucional sólido que impedirá que la economía se vaya al garete por improvisación.
En la fórmula de Paloma Valencia con Juan Daniel Oviedo ocurre algo diferente. Oviedo transformó la imagen del DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística) y conoce a fondo las cifras de Colombia. Su rigor estadístico podría equilibrar los debates ideológicos de Valencia, aunque el electorado debe preguntarse si esa alianza será genuina o si los datos terminarán sofocados por la disciplina partidista.
En la izquierda, la dupla Cepeda-Quilcué busca otro equilibrio: el intelectual parlamentario con quien tiene maestría en resistencia territorial y realidades étnicas. Mientras Cepeda domina el lenguaje diplomático, Quilcué aporta conocimiento que no se enseña en universidades europeas. El reto es evaluar si esa conexión con las bases es suficiente para manejar la complejidad de un Ejecutivo nacional.
El llamado es claro: Colombia ha pagado un precio muy alto por elegir "mesías" que desconocen cómo funciona un decreto o cómo se ejecuta un presupuesto. No podemos seguir dejándonos seducir por promesas que suenan bien en 30 segundos pero carecen de viabilidad técnica real. Si el vicepresidente es quien realmente sabe operar el Estado, surge la pregunta lógica: ¿por qué no encabeza la lista? La madurez política exige mirar más allá del grito más fuerte. En esta elección, la seriedad del equipo completo es la única garantía de que Colombia no termine nuevamente atrapada en su propia emocionalidad.
Fuente original: Minuto30



