Universidad Nacional desarrolla desalinizador de bajo costo para comunidades sin agua en La Guajira
Investigadores de la Universidad Nacional crearon un prototipo que convierte agua salada en agua potable, pensado especialmente para familias guajiras sin acceso a agua limpia. El sistema produce hasta 900 litros diarios y cuesta alrededor de 25 millones de pesos, muy por debajo de equipos similares en el país. El proyecto enfatiza que el éxito dependerá de capacitar a las comunidades para mantener el equipo funcionando a largo plazo.
En los corredores del Laboratorio de Ingeniería Química de la Universidad Nacional, un grupo de investigadores trabajó en una solución que podría cambiar la vida de miles de guajiros. Sebastián Torres, ingeniero químico y candidato a magíster en Ingeniería Química, lideró el desarrollo de un prototipo capaz de transformar agua salada en agua apta para beber. No es un proyecto cualquiera: está diseñado pensando en comunidades como las de La Guajira, donde muchas familias caminan largas distancias solo para conseguir agua que consumir.
La tecnología detrás de este equipo es la ósmosis inversa, un proceso que funciona forzando el agua salada a pasar por membranas especiales que retienen las sales y contaminantes, dejando pasar solo el líquido purificado. El resultado son dos corrientes: una con agua tratada y otra con alta concentración de sales. Pero aquí viene lo importante: antes de que alguien pueda beber esa agua, debe pasar por dos procesos adicionales. Primero, la cloración, que elimina microorganismos peligrosos. Segundo, la remineralización, que devuelve los minerales necesarios para que sea segura beber durante largo tiempo.
El prototipo se sometió a rigurosas pruebas en condiciones similares a las de pozos reales ubicados en Maicao, para asegurar que funcionaría en escenarios cercanos a la realidad de la región. Los resultados fueron prometedores: el sistema puede producir hasta 900 litros de agua tratada en una jornada de seis horas, lo que equivale aproximadamente a un metro cúbico diario. Aunque suena modesto comparado con plantas industriales gigantes, para una comunidad de 1.500 habitantes podría cubrir el 26 por ciento de sus necesidades de agua.
Lo que más ha generado esperanza es el precio. El prototipo costó alrededor de 25 millones de pesos, cifra significativamente menor a la de otros sistemas de ósmosis inversa que funcionan en diferentes partes del país. Para regiones donde los recursos son limitados, esta diferencia de inversión es crucial.
Sin embargo, Torres no es ingenuo respecto al desafío real. Ha visto cómo otros proyectos similares fracasan no por fallas técnicas, sino porque las comunidades no reciben capacitación adecuada después de la instalación. Cuando un equipo se daña y nadie sabe cómo repararlo, termina abandonado y los recursos invertidos se pierden. Por eso, el equipo de investigadores está desarrollando estrategias pedagógicas: explicar cómo funciona el sistema, cómo mantenerlo y qué hacer cuando algo falla.
El Servicio Geológico Colombiano ha acompañado el proyecto, realizando visitas técnicas y evaluaciones para identificar los mejores lugares para implementarlo. Aunque el sistema aún está en etapa piloto, la meta es llevarlo al terreno, hacer seguimiento real y ajustar el diseño conforme a las necesidades específicas de las comunidades wayuu. Para una región donde el acceso al agua potable sigue siendo una batalla diaria, esta iniciativa representa una vía de esperanza tangible.
Fuente original: La Guajira Hoy



