ÚltimasNoticias Colombia

Colombia

Una madre campesina logró que la Corte reabriera la escuela cerrada de su vereda para que su hijo estudiara

Fuente: El Colombiano - Colombia
Una madre campesina logró que la Corte reabriera la escuela cerrada de su vereda para que su hijo estudiara
Imagen: El Colombiano - Colombia Ver articulo original

Rosalba, una campesina de Norte de Santander, llevó su caso a la Corte Constitucional después de que la escuela de su vereda cerrara hace más de diez años, dejando a su hijo Manuel sin acceso a educación. La Corte falló a su favor y ordenó garantizar el regreso inmediato de Manuel al sistema educativo con transporte gratuito y nivelación académica. El tribunal también mandó evaluar si es viable reabrir la sede educativa para 2026, reconociendo que en el campo apenas el 50 por ciento de los niños tienen cobertura educativa, comparado con el 80 por ciento en las ciudades.

En las ciudades, cuando el Gobierno anuncia que aumentó la cobertura educativa, suena como un logro tangible. Pero en las veredas apartadas de Colombia, especialmente en regiones golpeadas por el conflicto armado como Norte de Santander, esos anuncios se quedan en el papel. Según el DANE, mientras la educación llega a más del 80 por ciento de los niños en zonas urbanas, en el campo apenas alcanza el 50 por ciento. La realidad en el terreno es otra: miles de menores siguen sin poder ir a la escuela, y los que logran entrar enfrentan deserción, precaridad y años de rezago comparado con sus pares citadinos.

La historia de Rosalba y su hijo Manuel es un retrato de esa brecha. Hace más de diez años, la escuela de su vereda en Norte de Santander cerró por sus pésimas condiciones de infraestructura. Lo que para muchas familias se volvió resignación, para Rosalba fue inaceptable. Aunque dedicada a las labores del campo y sin mayores estudios formales, no estaba dispuesta a que su hijo se quedara fuera del sistema. Cuando logró matricular a Manuel en una institución de otra zona rural, una barrera más apareció: no había transporte escolar gratuito. Sin dinero para pagar, el niño dejó de ir a clases y su educación se interrumpió.

Lo que le sucedió a Manuel se repite en cientos de veredas. Caminar horas para llegar a la escuela o simplemente no ir se ha convertido en la rutina de muchos menores rurales. Los resultados de las pruebas Saber 11 lo confirman: la brecha entre estudiantes del campo y la ciudad no solo persiste, sino que ha crecido. En 2014 era de 18,5 puntos; en 2024 alcanzó 26 puntos.

Rosalba decidió pelear legalmente. A través de una acción de tutela, llevó el caso hasta la Corte Constitucional exigiendo que se garantizara el derecho de su hijo a la educación. La Sala Segunda de Revisión, con ponencia del magistrado Juan Carlos Cortés González, analizó el expediente y encontró que Manuel, por su edad y por vivir en un territorio de difícil acceso, merecía especial protección. Pero también encontró algo grave: ni la institución educativa, ni la Alcaldía, ni la Secretaría de Educación había hecho seguimiento real al caso. No había contacto con la familia, no había intentos por solucionar el problema de fondo.

El tribunal fue claro en su decisión. Ordenó que Manuel fuera reincorporado inmediatamente al sistema educativo con un cupo garantizado, transporte escolar gratuito en condiciones seguras y continuidad, además de un proceso de nivelación académica para recuperar lo perdido. Pero la Corte fue más allá: mandó hacer un censo de niños y adolescentes en la zona para saber cuántos estaban en la misma situación y evaluó la posibilidad de reabrir la sede educativa para el año lectivo 2026.

La urgencia de esta decisión va más allá de lo académico. En Norte de Santander, el conflicto armado sigue marcando la vida escolar. La Defensoría del Pueblo registró 89 afectaciones a instituciones educativas en distintos departamentos solo en 2024, y el reclutamiento de menores aumentó drásticamente: pasó de 96 casos en 2020 a 533 en 2024. Dejar a un niño por fuera del colegio no es solamente perder una oportunidad de aprender; es abrirle la puerta a riesgos mucho más peligrosos.

La sentencia de la Corte reiteró lo que debería ser obvio pero que en Colombia aún cuesta cumplir: la educación es un derecho fundamental que debe garantizarse en todo el territorio, sin importar qué tan apartada esté la vereda. Mientras en Bogotá se anuncian presupuestos y coberturas que suenan bien, en lugares como el de Manuel, algo tan básico como estudiar sigue siendo una batalla que solo se gana cuando una madre se atreve a llevar su caso a los juzgados.

Fuente original: El Colombiano - Colombia

Noticias relacionadas