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Un sanjuanero raizal reflexiona sobre sus raíces y el sentido humanístico de la vida

Fuente: Diario del Norte

Un escritor nacido en San Juan del Cesar comparte su historia de vida marcada por la humildad y los recuerdos de infancia en un barrio popular. A través de sus vivencias, reflexiona sobre cómo el esfuerzo y las carencias lo formaron como persona. Concluye que la verdadera grandeza de un ser humano está en dejar una huella con sentido humanístico y dignidad por los demás.

Hay historias que no necesitan lugares lejanos para ser hermosas. La de este sanjuanero raizal comienza en una callecita al norte del pueblo, donde creció entre casas de barro con techos de tejas de cemento, en un barrio popular que marcó para siempre su corazón. Como él mismo lo cuenta, tiene "el caro orgullo de ser un sanjuanero raizal, nacido en un barrio popular, en este pueblo donde tengo enterrado mi ombligo y mis difuntos". Esa frase resume la profundidad de sus raíces, el tipo de arraigo que solo entienden quienes nacen en comunidades olvidadas.

Su infancia transcurrió lejos de las plazas donde vivían los hacendados y ganaderos que eran patrones de sus padres. Mientras otros soñaban con heredades, él jugaba descalzo en el río, persiguiendo sueños de fútbol bajo el sol ardiente. Vio a su abuela y a su madre madrugar con el molendero, ventando maíz para molerlo y recibir con un pocillo de café caliente lo que el amanecer deparaba. En esa infancia de cachivaches, cometas de papel y trompos, aprendió la lección más importante: que "vale más llegar a ser que haber nacido siendo".

San Juan del Cesar de aquellos tiempos era un pueblo diferente. Guardaba ese porte señorial que dejaba ver los distingos de clase, con sus iglesias de torres morunas, sus jardines de claveles rosados y jazmines. Pero debajo de esa majestuosidad estaban los barrios como el suyo, donde la gente se levantaba cada día dispuesta a trabajar con lo que tuviera a mano. Entre la Escuela Parroquial y el Colegio de Pelongo cursó sus estudios, memorizando retórica y dialéctica, asimilando que "entre más fuerte es el fuego mejor se templa el acero".

Lo que este sanjuanero ha comprendido con los años es algo que muchos nunca logran entender. Después de transitar su vida, sostiene que "la grandeza de un ser humano radica en venir a este mundo a dejar la huella de nuestro paso con sentido humanístico por la dignidad humana de las demás personas". No habla de éxito material ni de reconocimiento público. Habla de algo más profundo: de ser útil antes que ser importante, de guardar paz y bien en el corazón, agradecido por los favores recibidos. Es el testimonio de alguien que aprendió en la carencia lo que otros buscan toda la vida en la abundancia.

Fuente original: Diario del Norte

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