Un Packard de 1929 que fue del arzobispo revive en Medellín tras casi desaparecer
Un automóvil estadounidense fabricado en 1929 que pertenecía al arzobispo Manuel José Caicedo ha sido rescatado y restaurado en Medellín. Después de años siendo utilizado para transportar músicos y vender mercancías, un coleccionista local decidió devolverlo a su esplendor original. El Packard 633 hoy es testimonio vivo de la historia automotriz de la ciudad y de una época dorada de lujo en Colombia.
Recorrer la historia a través de vehículos antiguos es sumergirse en las historias que cada máquina guarda. Pero el Packard 633 que circula en Medellín es algo más que eso: es una reliquia auténtica que representa el patrimonio automotriz de la ciudad. Este automóvil estadounidense de 1929 llegó al país por encargo directo de la curia para el entonces arzobispo Manuel José Caicedo, quien se desplazaba en él como corresponde a una de las figuras más importantes de Medellín en esa época.
No todos los carros antiguos merecen el título de clásico auténtico. Los coleccionistas lo saben bien. El Packard 633 sí lo es, no solo por los años que carga encima, sino por sus piezas exclusivas, su diseño original sin alteraciones y porque fueron muy pocas las unidades fabricadas en el mundo. Su interior amplio y elegante fue concebido para ofrecer comodidad absoluta, incluso contaba con pequeños asientos adicionales llamados "transportines" para acompañantes. Otro rasgo distintivo de la época eran sus "puertas suicidas", aquellas que se abrían hacia atrás. Elegantes en apariencia, pero peligrosas: podían abrirse accidentalmente mientras el automóvil estaba en movimiento.
La vida del Packard cambió drásticamente cuando dejó de pertenecer a la curia. Durante años desapareció de la memoria de la ciudad, relegado a trabajos cada vez más humildes. En una época transportó músicos por el oriente antioqueño para serenatas. Después, otro dueño lo usó para vender aceite, barrotes y mercancías diversas. El paso del tiempo fue implacable: el deterioro era evidente y parecía que esta joya automotriz terminaría perdiéndose en el olvido.
Fue un coleccionista medellinense el que decidió salvar lo que quedaba. Sometió el automóvil a una restauración minuciosa que respetó cada detalle original de fábrica, devolviéndole el aspecto que lucía hace casi un siglo. No se trataba solo de rescatar un carro antiguo, sino de recuperar una pieza importante de la memoria histórica de Medellín.
Packard fue una de las marcas más prestigiosas de Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX, sinónimo de lujo e ingeniería de calidad. Sin embargo, desapareció del mercado a mediados de los años 50, víctima de problemas administrativos y de la presión de grandes fabricantes. Vehículos como este Packard 633 son ahora testigos silenciosos de esa época de esplendor que ya no volverá.
Hoy, gracias a la pasión de los coleccionistas antioqueños, esta reliquia sigue rodando por las calles de Medellín. Cada viaje es un recordatorio de quiénes somos como ciudad y de las historias que viven detrás de cada máquina clásica que aún respira.
Fuente original: Telemedellín

