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Un mes después: Córdoba sigue ahogada en dolor, pero dos jóvenes no dejan de tender la mano

Fuente: El Colombiano - Colombia
Un mes después: Córdoba sigue ahogada en dolor, pero dos jóvenes no dejan de tender la mano
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Más de 140 mil damnificados y 35 mil hectáreas inundadas en Córdoba mantienen viva la tragedia un mes después de las lluvias. Mientras las aguas bajaron, los daños permanecen: desde cultivos perdidos hasta ganadería en crisis. Dos creadores de contenido de Planeta Rica decidieron convertir sus redes sociales en herramientas de solidaridad, llegando a veredas olvidadas y enfrentando la desconfianza comunitaria con acciones concretas.

En Córdoba el agua se fue hace poco, pero los cordobeses siguen viviendo bajo el peso de lo que dejó. A un mes de que las inundaciones arrasaran con vidas y haciendas, la Contraloría reporta más de 81 mil familias afectadas, mientras la gobernación calcula que 140 mil personas quedaron sin nada. Las cifras duelen, pero duelen más cuando ves las casas vacías, los cultivos perdidos y las miradas de quienes lo perdieron todo en una madrugada.

Fue en ese panorama cuando Juan Diego Martínez y Rafael Santos Navarro Mesa decidieron que no podían quedarse mirando desde la comodidad de sus redes sociales. Ambos de Planeta Rica, con miles de seguidores entre los dos, entendieron que sus plataformas podían servir para algo más que likes. Juan Diego, jugador de fútbol con cerca de 8 mil seguidores, y Rafael, conocido como "El Pri", con más de 42 mil, se conocían desde antes de la catástrofe. Cuando vieron a su tierra bajo el agua, simplemente actuaron.

Lo que comenzó como iniciativas individuales se convirtió en un trabajo conjunto. Rafael ya había repartido cerca de 300 mercados con dinero de su bolsillo cuando se dio cuenta de que Juan Diego estaba haciendo lo mismo. No lo pensó dos veces: "Amigo, vamos a reunir fuerzas. Tú tienes personas, yo también. Juntos podemos hacer un impacto", le propuso. Desde ese momento, sus videos se llenaron de convocatorias y sus seguidores empezaron a donar. Pero lo importante fue hacia dónde decidieron ir: no a los pueblos más accesibles, sino a las veredas olvidadas donde el barro todavía alcanzaba las casas y pocas manos habían llegado. Atravesaron el río San Jorge en canoa bajo la lluvia, pagaron de su bolsillo a quienes los llevaban, y llegaron a lugares donde la solidaridad parecía un lujo.

Las historias que encontraron marcaron a Rafael para siempre. "Es difícil de ver. Se me aguaban los ojos, se me cortaba la voz, se me hacía un nudo en la garganta", recuerda al hablar de lo que presenció. Vio a un niño que había perdido sus gallinas criollas, el sustento del padre campesino. Vio a una señora que lo perdió todo y aun así, cuando le ofrecían ayuda, decía: "Hay personas que están peor que yo. Solo déjeme un mercadito". Esa mujer que no tenía nada, pensaba en los demás.

Juan Diego también guarda esa lección en el corazón. La primera vez que fue a una zona inundada llevó sesenta mercados en una camioneta junto a su hermano, cada uno con arroz, aceite, panela, harina y lo básico para comer. En una casa donde el agua había entrado de madrugada mientras la familia dormía, les contó cómo los niños llevaban cuatro o cinco días con barro encima porque no tenían agua para bañarse. "Eso refleja el corazón que tenemos los cordobeses", dice Juan Diego. "Yo seguiré haciendo la labor, ahora junto con mis amigos".

Pero no todo es tan sencillo. En las zonas más apartadas, antes de recibir ayuda, la gente pregunta si vienen a hacer política o si representan algún partido. Han visto llegar a otros con cámaras, grabando para redes, pero sin llegar a los lugares más afectados. Rafael es claro: "Somos jóvenes solidarios que nos unimos por una buena acción". Cuando la comunidad percibe que no hay segundas intenciones, todo cambia. Y es que en Córdoba la crisis sigue siendo monumental. El sector ganadero está al borde: 1.207 animales murieron o desaparecieron, y más de 315 mil sobreviven sin recursos, en riesgo crítico de salud animal, según el presidente de Fedegán. El gobernador Zuleta reporta que el 80 por ciento del territorio departamental tiene daños, y 230 instituciones educativas fueron afectadas.

Mientras el país espera que las alertas terminen, Rafael y Juan Diego insisten en algo fundamental: la solidaridad no puede detenerse cuando el agua baja. Córdoba tendrá que reconstruirse durante años, y ellos decidieron que mientras haya recursos y voluntad, seguirán siendo ese puente entre quienes quieren ayudar y quienes lo necesitan. "Si las personas nos siguen apoyando y nosotros somos esa voz, somos esa persona utilizada por Dios de dirigirnos hasta allá y llevar la ayuda que nos están brindando, pues que bien sea y lo vamos a seguir haciendo con muchísimo amor", dicen convencidos de que, cuando se trata de salvar a los tuyos, nadie espera a que otros actúen.

Fuente original: El Colombiano - Colombia

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