Un liceísta de pura cepa: la historia de Pepe Vives De Andréis en el Liceo Celedón
En los 120 años del Liceo Celedón, se recuerda a uno de sus alumnos más destacados: Pepe Vives De Andréis, quien brilló académicamente desde sus primeros años en el plantel barranquillero. Su formación en el colegio marcó profundamente su trayectoria profesional y su compromiso social. Las memorias del propio Vives documentan una carrera escolar impecable, con profesores de renombre y competencia académica rigurosa.
Cuando el Liceo Celedón celebra 120 años de existencia, es inevitable traer a la memoria a algunos de sus alumnos más brillantes. Uno de ellos fue Pepe Vives De Andréis, quien no solo se destacó como estudiante sino que luego ocupó cargos públicos de importancia. Su historia de vida, plasmada en el libro "Pepe Vives cuenta su vida", deja claro que su sentido social tiene raíces profundas en la educación que recibió dentro de ese claustro barranquillero.
Vives De Andréis ingresó al Liceo Celedón a muy temprana edad después de sus estudios primarios con el maestro Amaya Armas. En sus propias palabras, el rector doctor Carlos Bermúdez reconoció que los estudiantes que llegaban no estaban debidamente preparados para el primer curso de Literatura, así que implementó una iniciativa que resultó providencial: formar un curso preparatorio con profesores selectos como Alberto Noguera, César Campo y el padre Payá. Esa decisión cambió el rumbo del joven Vives.
Lo que vino después fue toda una trayectoria de excelencia. El mismo Vives recuerda que "desde entonces, fui un estudiante de primera línea, ganando todas las asignaturas del curso preparatorio con notas sobresalientes". Su entrada al primer año de Literatura fue, según sus memorias, triunfal. En esos tiempos, los maestros usaban un método peculiar para motivar a los estudiantes: ordenaban la clase alfabéticamente por apellido. Vives, con su "v", comenzaba en los últimos lugares, pero rápidamente subía a los primeros puestos conforme avanzaba el curso.
La disciplina académica que caracterizaba al Liceo Celedón en esa época también dejó huella. Recuerda que el profesor de Aritmética, doctor José A. Iguarán, le advirtió que si bajaba del primer puesto tendría que recuperarlo en tres días o sería relegado al último lugar. No solo cumplió: recuperó su posición en el tiempo establecido. Terminó su bachillerato sin repetir ni habilitar ninguna materia, con una sola calificación apenas aceptable en Retórica.
Cuando llegaron a dirigir el Liceo los doctores Alberto Coradine y el maestro Arturo Acuña, implementaron el sistema de notas anuales y premios. Vives se llevó los primeros premios en conducta, aprovechamiento y asistencia ese mismo año. Aunque tuvo un tropiezo en quinto año cuando fue citado a la Rectoría por notas bajas, se recompuso rápidamente y volvió a ocupar uno de los puestos más destacados del plantel.
Historias como la de Pepe Vives De Andréis ilustran por qué el Liceo Celedón ha dejado una marca tan profunda en la ciudad. No era solo una institución de enseñanza; era un espacio donde se forjaba el carácter de quienes después ocuparían roles importantes en la sociedad barranquillera. Su formación allí, con sus maestros rigurosos y su ambiente de exigencia académica, le dio las herramientas que lo acompañarían toda la vida.
Fuente original: Periódico La Guajira

