Un año sin papá: cómo Alejandro, hijo de Miguel Uribe, enfrenta el duelo a los cinco años

María Claudia Tarazona, esposa del entonces candidato presidencial Miguel Uribe asesinado hace un año en Bogotá, habló sobre cómo su familia ha afrontado el duelo. Su hijo menor, Alejandro, de cinco años, ha formulado preguntas profundas sobre la muerte, Dios y la ausencia de su padre, desde interrogantes religiosas hasta la imposibilidad de despedirse. La familia organizó un ritual simbólico para el 7 de junio que incluye cartas, videos, canciones y la liberación de mariposas, buscando que el niño pueda expresar los sentimientos que quedaron pendientes.
Un año después del atentado que acabó con la vida de Miguel Uribe en el sector de Modelia en Bogotá, su esposa María Claudia Tarazona se sentó con el periodista Néstor Morales en Mañanas Blu para hablar del camino que ha recorrido su familia en el duelo más crudo que alguien pueda imaginar. En esa conversación, mientras se acerca el primer aniversario del ataque, ella relató cómo ella, sus hijas y especialmente Alejandro, el hijo menor de la pareja, han tenido que aprender a vivir con una ausencia que cambió todo.
Tarazona fue honesta al describir cómo ha sido ese año. "Ya después de un año hemos podido transitar en lo que es el duelo más difícil y más doloroso en nuestra vida, recuperando un poco la cotidianidad, aprendiendo a vivir sin Miguel, reconstruyendo una familia que la violencia rompió y desgarró de la manera más cruel y absurda", expresó. Pero la recuperación no es lineal, y menos aún para un niño de cinco años que, cumplidos en noviembre, debe entender algo que los adultos mismo luchan por procesar.
Alejandro es, en muchos sentidos, el espejo de cómo la muerte adquiere nuevos significados conforme pasan los días. Sus preguntas suelen llegar de noche, momentos en los que surgen reflexiones que su madre describe como propias de "pequeños filósofos". "Si Dios nos da la vida para qué nos la quita, ¿por qué no es más fácil hacer a todo el mundo bueno y así nos evitamos este dolor?", le preguntó recientemente al verla. También vienen las interrogantes sobre lo espiritual: "Y si Dios es tan poderoso y puede hacer milagros, ¿por qué no le puedo pedir que me devuelva a mi papá?". A esto se suma una cascada de preguntas que han marcado estos meses: "Mamá, la muerte es para siempre", "¿Dónde queda el cielo?", "¿Dónde está el cielo?" y esa pregunta que resume el dolor de un hijo pequeño: "¿Puedo visitar a mi papá en el cielo?".
Frente a estas inquietudes, Tarazona busca ser honesta sin dejar al niño sin esperanza. "Trato siempre de darle la respuesta que le dé calma y le dé paz y yo creo que lo más importante es sobre todo darle un espacio para que pueda llorar y pueda darse el permiso de sentir todo lo que significa no tener a su papá y haberlo perdido", explicó. Pero hay momentos que trascienden cualquier respuesta. Hace poco, durante una actividad escolar por el Día del Padre, Alejandro le dijo a su madre: "Mamá, pues yo para qué voy a ir si es que yo no tengo papá. A mi papá lo mataron. Todos mis amigos tienen papá menos yo". Sus hermanas mayores y sus parejas lo acompañaron en el evento deportivo del colegio, intentando que el niño no se sintiera solo.
El momento que más ha quebrado a Tarazona fue una conversación nocturna en la que Alejandro expresó algo que no puede dejar de doler: nunca tuvo oportunidad de despedirse. "Mamá, es que yo no me pude despedir de mi papá. No pude decirle adiós", recordó ella mientras narraba cómo el niño estalló en llanto. En ese instante, sus hijas, familiares y personas cercanas se reunieron para acompañarlo en el medio de su propio dolor. "Yo creo que de todas las cosas que yo he tenido que vivir después de la muerte de Miguel, que han sido muchas y muy retadoras en todos los aspectos, yo creo que la más dolorosa para mí y de lo que más me quiebra a mí es oír a llorar a Alejandro su papá", expresó Tarazona.
Consciente de que Alejandro cargaba con una despedida pendiente, la familia organizó un ritual simbólico programado para el 7 de junio en una montaña cuya ubicación mantienen resguardada por seguridad. Allí se reunirán Alejandro, sus hermanas, sus parejas y su madre para un encuentro diseñado alrededor de recuerdos. La jornada incluye una caminata por diferentes estaciones, reproducción de mensajes que Miguel Uribe grabó, lectura de cartas y notas que él escribió, canciones que le dedica a su hijo, la siembra de un árbol y finalmente la liberación de mariposas. Los mensajes provienen de registros que la familia guardó: "De los videos que él tiene, de canciones que le escribía, de mensajes que le mandaba en el avión", detalló Tarazona. Las mariposas, en esa idea de cierre, llevarán al cielo el mensaje de despedida que el niño siente que no pudo entregar cuando todo pasó. "Un ritual, realmente, un ritual de cierre que llamamos", dijo. La familia espera que esto permita que Alejandro exprese lo que aún está abierto en su corazón: "Yo creo que Alejandro necesita mucho sentir que puede decirle a su papá, y yo creo que no es solamente decirle adiós, ¿no? Es decir, no quería que te murieras, no quería que te pasara esto, quiero tenerte en la vida conmigo", señaló.
El tiempo transcurrido no ha traído alivio de fondo. "Nosotros lloramos todos los días", aseguró Tarazona. Para ella, la pérdida transformó la estructura familiar que construyeron juntos. Tener a Alejandro fue un proyecto compartido con Miguel, y ahora enfrenta sola la tarea de criarlo. "Yo decidí tener a Alejandro porque él y yo íbamos a ser papás y ahora entonces soy yo con Alejandro en la vida", expresó. Un año después del atentado, las preguntas de un niño de cinco años continúan siendo el recordatorio más crudо de algo que la familia aún no puede aceptar completamente: que su papá no va a volver.
Fuente original: El Colombiano - Colombia


