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Trump vs. Sánchez: cuando los aliados chocan por bases militares y gasto en defensa

Fuente: France 24 - Europa
Trump vs. Sánchez: cuando los aliados chocan por bases militares y gasto en defensa
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Donald Trump ha criticado duramente al Gobierno español por negarse a permitir ataques contra Irán desde sus bases militares y por no aumentar el gasto en defensa. Esta tensión no es nueva: las relaciones entre España y Estados Unidos llevan siglos marcadas por desconfianzas, desde la Guerra del 98 hasta la invasión de Irak en 2003. El rechazo histórico de amplios sectores españoles hacia intervenciones militares estadounidenses sigue influyendo en las decisiones políticas de Madrid.

Las críticas de Donald Trump al Gobierno de Pedro Sánchez en las últimas semanas han sacudido una alianza que parecía sólida. El conflicto comenzó cuando Madrid se negó tajantemente a permitir que Estados Unidos utilizara sus dos bases militares compartidas en territorio español para coordinar operaciones contra Irán. La posición española fue especialmente firme comparada con otros aliados europeos de Washington, algo que Trump interpretó como un nuevo acto de desafío. A eso se suma el rechazo español a aumentar el gasto en defensa al cinco por ciento del producto interno bruto, como ha exigido el mandatario estadounidense a todos los miembros de la OTAN.

Pero para entender esta fricción actual hace falta remontarse lejos en la historia. La relación entre Madrid y Washington no siempre fue amigable. Aunque España ayudó militarmente a los colonos estadounidenses durante su independencia de Gran Bretaña, la creciente influencia de Estados Unidos en América Latina se convirtió en un problema para un imperio español que ya estaba en decadencia. En 1898, esa tensión explotó cuando Washington acusó falsamente a España de atacar el acorazado Maine y le declaró la guerra. El resultado fue devastador para Madrid: una derrota rápida y humillante que obligó a ceder Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Este "Desastre del 98" quedó grabado en la memoria colectiva española como una afrenta nacional.

Esa herida nunca cicatrizó del todo. El dictador Francisco Franco, quien gobernó España desde 1939, heredó ese recelo histórico hacia Estados Unidos. Por eso se alió sin dudarlo con Hitler y Mussolini durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando los aliados ganaron, decidieron aislar a España de la comunidad internacional. No fue hasta los años cincuenta cuando Washington, interesado en tener un aliado anticomunista estratégicamente ubicado durante la Guerra Fría, buscó acercarse a Franco. El resultado fueron los Pactos de Madrid de 1953, que permitieron a Estados Unidos usar bases militares españolas a cambio de ayuda económica y militar.

La transición democrática española a partir de 1976 fortaleció los lazos con Washington, y la entrada en la OTAN en 1982 los consolidó. Pero esta adhesión generó resistencias internas significativas. Amplios sectores progresistas se opusieron a que España entrara en uno de los bandos de la Guerra Fría y albergara bases estadounidenses en su territorio. El referendo sobre la permanencia en la OTAN en 1986 fue tan cerrado que solo el 56 por ciento votó a favor.

El antibelicismo español resurgió con fuerza en 2003, cuando el presidente José María Aznar decidió apoyar la invasión de Irak ordenada por George W. Bush. Millones de españoles protestaron en las calles. La presión se intensificó tras los atentados del 11 de marzo de 2004 contra el metro de Madrid, que causaron 192 muertes. Una parte importante de la población vinculó la tragedia a la participación española en Medio Oriente. En las elecciones del 14 de marzo, los españoles castigaron al Gobierno con una derrota contundente que llevó al poder a José Luis Rodríguez Zapatero.

Desde entonces, tanto el PSOE como la izquierda española en general han mostrado mayor reticencia a involucrarse en conflictos armados y a aumentar el gasto militar. Sánchez está muy consciente de esa historia cuando rechaza participar en operaciones militares y recurre al histórico "no a la guerra" que resonó en las manifestaciones de 2003. Para él, es una forma de no repetir los errores del pasado y de conectar con su base electoral. Sin embargo, ese posicionamiento ha encendido una nueva fricción con un aliado que ahora exige una mayor alineación militar y financiera.

Fuente original: France 24 - Europa

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