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Tacamocho sigue esperando: nueva hoja de ruta para trasladar 700 familias borradas por el Magdalena

Fuente: El Tiempo - Colombia
Tacamocho sigue esperando: nueva hoja de ruta para trasladar 700 familias borradas por el Magdalena
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El corregimiento de Tacamocho en Córdoba, Bolívar, lleva años siendo devorado por la erosión del río Magdalena. Más de 700 familias siguen en la incertidumbre mientras avanzan los trámites ambientales para su reubicación. La gobernación presentó una nueva hoja de ruta formal, pero la comunidad observa con cautela después de décadas de promesas incumplidas.

En las orillas del río Magdalena existe un corregimiento que casi ha desaparecido del mapa. Tacamocho, en el municipio de Córdoba, es hoy símbolo del abandono institucional y de cómo la naturaleza puede arrasar con un pueblo. Durante años, las corrientes del río no solo han destruido casas y calles, sino que han fracturado el tejido social de una comunidad que ha tenido que desplazarse una y otra vez, improvisando soluciones mientras espera por un traslado que parece eternamente pospuesto.

La erosión aquí no fue cosa de un día. El río avanzó de manera constante, debilitando terrenos y obligando a familias a desmontar sus propias viviendas antes de que el agua las reclamara. Muchos habitantes cuentan que tuvieron que mudarse más de una vez dentro del mismo corregimiento, en una carrera desesperada contra el cauce. Hoy más de 700 familias esperan la reubicación definitiva, viviendo en condiciones precarias, sin seguridad jurídica sobre los terrenos que ocupan ni servicios públicos garantizados.

Recientemente, la gobernación radicó ante Cardique, la autoridad ambiental regional, un documento técnico que presenta lo que llaman una Unidad de Planificación Rural, un instrumento que funcionaría como el plan de ordenamiento territorial del futuro corregimiento. El nuevo Tacamocho se proyecta en 29 hectáreas, con lotes titulados, colegio y servicios públicos. Sobre el papel, todo suena bien. Pero la comunidad ha escuchado anuncios similares durante más de una década sin que nada se materialice.

El problema no ha sido la falta de estudios. Desde hace años, Tacamocho ha sido objeto de diagnósticos técnicos sobre erosión, riesgo y cambio climático. Lo que ha faltado es la ejecución real de las soluciones. Entre cambios administrativos, limitaciones presupuestales y procesos ambientales que no avanzan, el traslado se convirtió en un expediente eterno. Ahora toca esperar la revisión de Cardique, que deberá evaluar el manejo de suelos, disponibilidad hídrica e impacto ecológico. Cada etapa institucional puede extenderse meses o incluso años.

Pero mientras se cumplen los tiempos de la burocracia, la realidad de Tacamocho sigue siendo urgente. El traslado no es solo construir viviendas; implica garantizar titulación formal de los lotes, acceso a servicios públicos, institución educativa, vías internas y electrificación. Estos componentes encarecen y ralentizan proyectos así en zonas rurales. Las autoridades departamentales prometen que las primeras obras serán la institución educativa y la energización, pero el calendario dependerá de la aprobación ambiental y de recursos que aún no están confirmados.

Para los habitantes de Tacamocho, este traslado representa algo más que un proyecto urbanístico. La zona sufrió impacto del conflicto armado y del abandono estructural que siempre ha golpeado a poblaciones ribereñas del Caribe. Por eso lo ven como una reparación histórica pendiente. El escepticismo de la comunidad es comprensible: durante años han escuchado promesas que nunca se cumplen. Líderes locales son claros en su reclamo: esta vez el proceso no puede quedarse en documentos radicados ni en declaraciones públicas.

Tacamocho se ha convertido en símbolo de cómo el cambio climático, la erosión del río y la lentitud institucional pueden entrelazarse en la vida cotidiana de un pueblo. El verdadero punto de inflexión llegará cuando comiencen las obras reales y el traslado deje de ser una promesa reiterada para convertirse en viviendas construidas y en la restitución efectiva del derecho a un territorio digno.

Fuente original: El Tiempo - Colombia

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