Sufrir con el Medellín se convierte en rutina bajo el mando de Botero
El Deportivo Independiente Medellín sigue ganando, pero de la forma más agónica posible. Con Sebastián Botero en la dirección técnica, el equipo rojo ha hecho del sufrimiento su marca registrada, obligando a su hinchada a vivir cada partido al borde del infarto. Entre la Liga BetPlay y la Copa Libertadores, el equipo juega al filo, necesitando ese empuje emocional de la tribuna para encontrar los goles en los últimos minutos.
Sufrir con el Medellín ya no es solo una forma de verlo jugar. Es, literalmente, la realidad que toca vivir a su hinchada cada vez que el equipo sale al Atanasio Girardot. El reciente triunfo del "Rey de corazones" frente a los Guerreros Dorados del Cusco, dirigidos por el uruguayo Alejandro Orfila, es apenas el último capítulo de una novela que se repite: ganamos, pero con los nervios al tope, con el corazón queriendo escaparse del pecho, con la urgencia de que el gol llegue antes que la hora final.
Desde que Sebastián Botero llegó a la dirección técnica del equipo, el "Decano" ha mantenido esa constante que lo caracteriza: dejarnos mordiéndonos las uñas, rogando por un gol, mirando fijamente el reloj. Es cierto que el técnico estadounidense viene reparando, poco a poco, las grietas que dejó la etapa de Alejandro Restrepo. El equipo avanza, clasifica, se mantiene en la pelea. Pero lo hace de la forma más incómoda posible, siempre al filo del desastre.
Y es que la realidad golpea fuerte para cualquiera que vista la roja. No se trata solo de ganar la Liga BetPlay. Está en juego una participación decorosa en Copa Libertadores que, en el mejor de los casos, nos deje en la Sudamericana. Nada está garantizado. El riesgo acecha en cada partido, en cada decisión de cancha, en cada minuto que pasa sin anotar.
Lo curioso es observar cómo ese sufrimiento de la tribuna parece trasladarse directamente a los jugadores. Cuando el Atanasio se impacienta, cuando retumba el "Movete, rojo, movete", cuando la hinchada desahoga su frustración con cánticos crudos, algo cambia en el equipo. Como si necesitara de ese latigazo emocional para despertarse, para apretar los dientes, para ir por el gol. Y en los últimos partidos, esa fórmula ha funcionado. Incómoda, irregular, pero funcionando.
Lo que viene en las próximas fechas, tanto en la competencia local como internacional, será otro examen de resistencia para jugadores e hinchas. Porque así es este Medellín: un equipo que ha hecho del sufrimiento su sello distintivo, esa marca que quizás explique ese amor tan irracional, tan profundo, tan inexplicable que le tenemos.
Ahí seguimos. En las buenas y en las malas. Sufriendo con el Medellín, pero sin soltarlo nunca. Porque al final, ese sufrimiento también es una forma de fe.
Fuente original: Minuto30
