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Somos pueblo, no suma de individuos: reflexión sobre la unidad de Colombia

Fuente: El Isleño
Somos pueblo, no suma de individuos: reflexión sobre la unidad de Colombia
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En tiempos de división política y social, las lecturas religiosas de este domingo invitan a los colombianos a reconocerse como un pueblo elegido por Dios, llamado a la obediencia y al amor compartido. El mensaje central advierte que la fragmentación interna es el verdadero enemigo de la nación y que solo el amor circulante puede reconstruir la identidad común del país.

Las lecturas de este domingo giran en torno a un tema que resuena profundamente en la Colombia actual: la idea de que no somos creyentes aislados, sino un pueblo de Dios. La primera lectura narra al pueblo liberado de Egipto que comienza su vida en libertad haciendo alianza con Dios en el monte Sinaí. La carta a los Romanos recuerda que Jesús murió por nosotros cuando estábamos sin fuerza. Y el evangelio cuenta cómo Jesús escogió a los doce apóstoles, quienes forman la base del nuevo pueblo de Dios.

Esta reflexión llega en un momento delicado para el país. Colombia está rota y muy dividida, justo cuando se apresta a tomar decisiones trascendentales sobre su futuro. Elegir gobernante es elegir un camino, es definir hacia dónde avanzaremos todos juntos. En este contexto, vale la pena traer a la memoria lo que nos enseña la Palabra de Dios. Viene al caso la historia de un agricultor cuyo maíz siempre ganaba primer premio. Tenía la costumbre de compartir sus mejores semillas con todos los vecinos. Cuando le preguntaban por qué, respondía: "El viento traslada el polen de unos campos a otros. Si mis vecinos cultivaran maíz de clase inferior, eso bajaría la calidad del mío. Por eso me interesa que solo planten el mejor maíz". Todo lo que das a otros te lo estás dando a ti mismo.

El enemigo más peligroso de nuestra nación no viene de pueblos vecinos ni de grandes potencias. El verdadero enemigo es interno: la división, la polarización, creer que somos bandos irreconciliables. Esa fractura impide forjar la identidad del pueblo y concretar sueños comunes. Un pueblo dividido está condenado al atraso.

Las lecturas de hoy revelan tres claves para construir el pueblo de Dios. La primera es que somos pueblo elegido por amor. El libro del Éxodo lo expresa así: "Han visto lo que he hecho con los egipcios y cómo a ustedes los he llevado sobre alas de águila y los he traído a mí". Es un amor demostrado en acciones concretas, desinteresado. San Pablo lo reafirma: "Cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos". El evangelio añade que Jesús "al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor". Dios ama a Colombia, ama a cada pueblo y demuestra su amor compadeciéndose de nuestras situaciones de violencia, corrupción e injusticia.

La segunda clave es que la respuesta del pueblo al amor de Dios es su obediencia. El Éxodo pide: "si de veras me obedecen y guardan mi alianza, serán mi propiedad personal entre todos los pueblos". La anarquía y el incumplimiento de normas básicas han creado un ambiente donde cada cual hace lo que se le antoja y se pierde el bienestar comunitario. Las normas facilitan la convivencia fraterna y fortalecen la identidad del pueblo de Dios. Es un llamado urgente: tenemos que volver a los mandamientos de la ley de Dios, tenemos que demostrar nuestro amor siendo fieles a sus exigencias.

La tercera clave es que el pueblo debe poner a circular el amor de Dios en sus relaciones cotidianas. Jesús envió a los doce dotados con el poder del amor de su Maestro. Les ordenó: "Vayan y proclamen que ha llegado el reino de los cielos. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos. Gratis han recibido, den gratis". Tenemos que sembrar el mejor maíz, crear fraternidad, buscar el bienestar de todos comenzando por nuestra propia gente. San Pablo lo resume así: "Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvados por su vida!". El amor de Cristo resucitado es lo que nos une como pueblo.

Que volvamos a poner a Cristo en el centro de nuestra nación. Es el único que puede unir los corazones de los colombianos. Es hora de renovar la alianza con nuestro Dios y poner a circular su amor comenzando por nuestras propias familias.

Fuente original: El Isleño

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