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Sequías en Nueva Zelanda y pizza en Medio Oriente: el extraño viaje de por qué sube la leche en EE.UU.

Fuente: BBC Mundo - Economía

Los precios de la leche en Estados Unidos alcanzaron máximos históricos en 2014 por una tormenta perfecta global: China compra más leche para bebé, Nueva Zelanda tuvo una sequía devastadora, Medio Oriente descubrió la comida rápida y Rusia dejó de importar productos lácteos occidentales. Cuando el mercado de lácteos se abrió al comercio internacional hace una década, los precios dejaron de ser estables y ahora cualquier cambio en otro continente afecta lo que pagamos en el supermercado.

Si te has fijado últimamente en el precio de la leche, el yogur o el queso en el supermercado, no estás imaginando cosas. Los precios de la leche y la mantequilla en Estados Unidos llegaron a máximos históricos en los últimos meses, con aumentos de 26% y 62% respectivamente en los futuros (contratos de compra a futuro) solo en 2014. Lo raro es que parte de la culpa la tienen sequías en Nueva Zelanda y la creciente obsesión de los jóvenes árabes por la pizza.

Todo tiene que ver con cómo cambió el mercado de la leche hace unos diez años. Anteriormente, cada país producía leche para consumo local. Los gobiernos intervenían comprando el exceso cuando había sobreproducción y vendiéndolo cuando escaseaba, lo que mantenía los precios relativamente estables. Pero cuando los gobiernos dejaron de hacerlo por los altos costos, el mercado se internacionalizó. Ahora la leche es un producto global, lo que significa que cualquier crisis en cualquier lado del planeta puede afectar tu billetera.

El primer acelerador fue China. Tradicionalmente compraba entre el 15% y 20% de los productos lácteos importados del mundo, pero entre diciembre de 2013 y febrero de 2014 ese porcentaje saltó a entre 20% y 25%. La razón: en 2008 se descubrieron altos niveles de melamina (una sustancia tóxica) en leche para bebé china, y desde entonces las familias chinas prefieren pagar más por leche importada de Nueva Zelanda o Estados Unidos. Ese sobreprecio en China se trasladó automáticamente a los precios globales, incluyendo los estadounidenses.

Luego vino el golpe de Nueva Zelanda. Este país es el mayor exportador de productos lácteos del mundo y sus ventas representan aproximadamente un tercio del comercio global. Una sequía severa en 2013 redujo la producción de leche en 30%, lo que disparó los precios internacionales. Estados Unidos comenzó a exportar más para llenar ese vacío, pero eso significó menos leche disponible en casa y precios más altos.

En Medio Oriente pasaba algo diferente pero igualmente relevante. Las cadenas de comida rápida estadounidenses como Papa John's Pizza, KFC y Subway estaban llegando a las ciudades, y los jóvenes árabes estaban adoptando estos alimentos rápidamente. Eso aumentó el consumo de lácteos en la región y, una vez más, presionó los precios globales hacia arriba.

Hubo un factor que eventualmente empezó a invertir la tendencia: las sanciones a Rusia por su papel en la crisis de Ucrania. En agosto de 2014, Rusia anunció que dejaría de importar productos lácteos de Occidente. Eso dejó huérfanos unos 3 mil millones de dólares en exportaciones europeas de lácteos, especialmente queso. De repente, el mercado global tuvo exceso de inventario, lo que debilitó los precios internacionales. Sin embargo, Alan Levitt, portavoz del Consejo de Exportación de Lácteos Estadounidense, aclaraba que ese alivio tardaría en llegar a las góndolas estadounidenses: "Vamos a entrar en un período en que los precios mundiales serán menores por momentos, porque ahora ya hay exceso de producción", explicaba. Su predicción era que hacia marzo de 2015 los estadounidenses empezarían a notar algo de respiro en sus cuentas de supermercado.

Fuente original: BBC Mundo - Economía

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