¿Se repetirá en 2026? La noche que Colombia perdió una hora para enfrentar la crisis energética

Hace más de tres décadas, el 2 de mayo de 1992, Colombia adelantó sus relojes una hora como medida de emergencia frente a una grave crisis energética. El llamado "horario Gaviria" causó confusión inicial pero logró ahorros significativos. Ahora, con la amenaza de un fenómeno de El Niño severo en los próximos meses, expertos vuelven a plantear la misma estrategia. La medida podría repetirse en 2026 si el país enfrenta nuevamente escasez de agua para sus plantas hidroeléctricas.
A medianoche del 2 de mayo de 1992, algo nunca antes visto ocurrió en Colombia. En el Laboratorio de Tiempo y Frecuencia del Icontec, el superintendente de Industria y Comercio Jorge Orlando Montealegre y el ministro de Comercio Exterior Juan Manuel Santos presionaron dos teclas. En cuestión de segundos, el país saltó de las 00:00 a las 01:00 de la madrugada. Sesenta minutos simplemente desaparecieron del calendario nacional.
El gobierno del presidente César Gaviria había adoptado lo que se conocería como el "horario Gaviria": una respuesta de emergencia a la peor crisis energética que el país enfrentaba. La idea, importada de cómo funcionaban los horarios de verano en Europa, era aprovechar más horas de luz natural para reducir el consumo de electricidad durante las noches. Aunque el mismo presidente Gaviria mostró reservas iniciales, Santos logró convencer al gabinete ministerial después de dos semanas de defensa de la propuesta. La atmósfera en el Icontec ese día se parecía más a una celebración que a un evento solemne: había periodistas, técnicos, curiosos, transmisiones radiales en directo y hasta una cuenta regresiva, aunque sin champaña ni las tradicionales doce uvas.
Lo que vino después fue caos organizado. Muchos ciudadanos se resistieron a cambiar sus relojes y continuaron guiándose por la hora anterior. En las ciudades era común encontrar dos horarios distintos en una misma calle: algunos relojes públicos habían sido ajustados y otros no. Las anécdotas proliferaron. Una de las más recordadas sucedió en un bar cercano al laboratorio, donde un cantante conocido como "Pacho" comenzó a interpretar una canción de Joan Manuel Serrat a las 12 de la noche. Cuando terminó su presentación, el reloj oficial marcaba las 1:05 de la madrugada. Para él habían pasado apenas unos minutos; para el tiempo del país, más de una hora.
Pero los efectos reales fueron profundos. Muchas personas debieron levantarse cuando aún estaba oscuro, alterando sus hábitos de sueño. Una encuesta realizada por El Colombiano en el Valle de Aburrá reveló que el 24,1% de los encuestados modificó sus hábitos de alimentación por los cortes de energía. La falta de refrigeración hacía que los alimentos se dañaran rápidamente, obligando a familias a usar petróleo y gasolina para cocinar, lo que describían como contaminante y agotador. Económicamente, el 18,8% aseguró que el racionamiento deterioró sus finanzas: "ganar menos y gastar más" era el sentimiento generalizado. Paradójicamente, el 40,3% reportó que sus facturas de servicios públicos aumentaron durante la crisis. El 14,8% tuvo que modificar sus jornadas laborales trabajando en la noche, mientras que el 12,8% comenzó a madrugar. El cansancio generalizado y la sensación de que los días rendían menos se convirtieron en quejas cotidianas.
Carlos Enrique Moreno, quien fue gerente de EPM durante el apagón, recuerda que las alertas comenzaron meses antes. "Los ríos se estaban secando de manera dramática. Había afluentes que pasaban de transportar 20 metros cúbicos por segundo a 11, luego a tres y finalmente desaparecían", relató. EPM realizó más de 160 reuniones con juntas de acción comunal, gremios, hospitales y medios de comunicación. Moreno impartió una instrucción simbólica contundente: "Si había que apagar la energía, el primer barrio tenía que ser donde yo vivía. No quería que nadie pensara que existían privilegios". El racionamiento requirió modificaciones técnicas complejas en la red para aislar hospitales, instalaciones de seguridad y centros educativos de los circuitos afectados.
Ahora, más de tres décadas después, la historia podría repetirse. El exministro de Minas y Energía Amylkar Acosta advirtió que la llegada de un fenómeno de El Niño severo en los próximos meses podría afectar significativamente los aportes hídricos del sistema eléctrico. La empresa XM ha señalado que en escenarios de hidrología crítica la capacidad de generación podría resultar insuficiente. Una de las propuestas es nuevamente adelantar una hora la jornada nacional, tal como ocurrió en 1992 y 1993. "El objetivo es aprovechar mayormente la luz solar", sostuvo Acosta, quien considera que el ahorro sería importante precisamente en las horas pico de consumo.
Para Moreno, la situación actual es preocupante. El país hoy no ha entrado en un apagón porque tiene "todavía una agüita ahí guardada en los embalses", pero técnicamente ya está en apagón. La diferencia entre 1992 y hoy es que entonces la gente desconocía la magnitud del problema; ahora se sabe exactamente cuál es el riesgo. Si El Niño llega con la intensidad prevista, los colombianos podrían volver a vivir la experiencia de adelantar el reloj para salvar su sistema eléctrico.
Fuente original: El Colombiano - Colombia



