Santa Marta votó entre el calor, la soledad y gestos de fe en las urnas

La jornada electoral en Santa Marta se caracterizó por una baja asistencia que dejó varios puntos de votación semivacíos desde temprano. Sin embargo, adultos mayores con dificultades de movilidad acudieron a ejercer su derecho al voto, mientras que momentos especiales como la oración de un pastor por un ciudadano enfermo marcaron la jornada. El calor intenso del día no fue impedimento para que algunos samarios llegaran con la bandera colombiana a instar por la participación.
Desde las primeras luces del día, los puntos de votación en Santa Marta mostraban un panorama que no dejaba lugar a dudas: el abstencionismo sería considerable en esta jornada electoral. Las mesas de votación lucían prácticamente vacías durante las horas matutinas, un contraste con lo que suele esperarse en días de contienda democrática.
Pero en medio de esa soledad en los colegios electorales, hubo historias que recuperaron la fe en la participación ciudadana. Muchos adultos mayores, a pesar de sus limitaciones para movilizarse, insistieron en no quedarse en casa. Con dificultades para caminar, algunos llegaron apoyados en bastones o acompañados de familiares, decididos a cumplir con lo que consideraban su responsabilidad cívica en esta primera vuelta presidencial.
El personal de la Policía Nacional estuvo atento durante toda la jornada, dispuesto a ayudar a la población de la tercera edad y a orientar a quienes lo necesitaran. Mientras transcurría el día, el calor abrasador típico de Santa Marta se intensificaba, pero eso tampoco detuvo a los votantes que llegaban con sus cédulas en mano.
En el colegio José Laborde Gnecco de Gaira ocurrió un momento que resumió el espíritu del día: un pastor evangélico aprovechó un instante durante la votación para orar por la salud de un ciudadano enfermo. Gesto sencillo que reflejaba esa mezcla de lo cotidiano y lo espiritual que caracteriza a las comunidades colombianas.
No todo fue organizado ese día. En las entradas de los puntos de votación proliferaron los vendedores ambulantes sin que hubiera control alguno sobre su presencia, vendiendo productos a los votantes que esperaban su turno.
Hubo también quienes llegaron con más que intención de votar: ciudadanos portaban la bandera de Colombia, intentando motivar a otros para que participaran en la contienda electoral. Fue un día de contrastes en la capital del Magdalena, donde la apatía convivió con la determinación de quienes consideraron que la democracia valía la pena, aunque fuera solo un puñado de personas.
Fuente original: El Informador

