Santa Marta enfrenta crisis ambiental: falta educación ciudadana, no solo infraestructura

Santa Marta sufre una contaminación visible en calles, ríos y playas que va más allá de problemas estructurales. Según ambientalista Harold Estrada, la raíz está en la falta de cultura ambiental ciudadana y en un crecimiento urbano desordenado. Los ríos Manzanares y Gaira reciben aguas residuales directas, el alcantarillado colapsa por triplicar su capacidad original y la situación ya afecta la salud pública y la imagen turística de la ciudad.
Santa Marta carga con una problemática ambiental que crece cada día de forma más evidente. Basura esparcida en las calles, contenedores desbordados, alcantarillados saturados y ríos convertidos en depósitos de residuos forman parte de la realidad que viven sus habitantes. No se trata solo de un asunto de infraestructura colapsada, sino de algo que muchos expertos identifican como una crisis más profunda: la ausencia de conciencia colectiva frente al cuidado del territorio.
Harold Estrada, director de la Fundación Salvaturrío, diagnosticó el problema de manera clara. Según su análisis, "la ciudad no está educada para manejar sus residuos". El ambientalista explica que gran parte de lo que termina en basureros podría ser reutilizado, pero la falta de separación desde las viviendas y la ausencia de educación ambiental agravan constantemente el panorama. Lo paradójico es que mientras ciudadanos y habitantes de calle revuelven contenedores buscando material reciclable, dejan residuos esparcidos por andenes y vías, generando una imagen constante de desorden en la capital magdalenense.
La contaminación de los cuerpos de agua es igualmente crítica. Los ríos Manzanares y Gaira sufren una situación alarmante porque muchos sectores cercanos crecieron como asentamientos sin infraestructura de saneamiento básico adecuada. Resultado: aguas residuales y desechos sólidos desembocan directamente en estos ríos. "Las basuras y las aguas residuales están siendo vertidas directamente al agua", advirtió Estrada. El impacto no se queda en los ríos, sino que se propaga hasta el mar Caribe a través de desembocaduras contaminadas.
Detrás de este caos hay un problema estructural que viene de décadas atrás. El sistema de alcantarillado y saneamiento de Santa Marta fue diseñado para una ciudad mucho más pequeña. Si fue concebido para 200 mil personas, hoy debe soportar cerca de 600 mil habitantes. Eso explica los rebosamientos constantes, las calles inundadas con cada lluvia y los malos olores que afectan diferentes sectores. La calidad de vida se deteriora, pero además la imagen turística de la ciudad sufre daños significativos.
Lo más preocupante, según Estrada, es que la contaminación dejó de ser solo un problema estético. Hoy representa riesgos reales para la salud de miles de ciudadanos, especialmente en sectores vulnerables donde el contacto con aguas contaminadas y residuos es parte de la rutina diaria. Mientras Santa Marta continúa creciendo aceleradamente, las soluciones estructurales siguen siendo insuficientes.
Frente a este panorama, el ambientalista plantea una salida que comienza en la educación. Estrada propone fortalecer programas que involucren instituciones públicas, empresas privadas, autoridades ambientales y academia para enseñar a la población sobre separación de residuos y protección de espacios públicos. También hizo un llamado diferente a la forma en que se entiende la basura: "El 98% de los materiales que hoy llamamos basura son aprovechables". La reflexión va más allá. Mientras Santa Marta se promociona como destino turístico internacional, enfrenta dificultades ambientales cada vez más visibles que contradicen esa imagen. Para Estrada, el cambio no depende solo de las autoridades. "La calidad de vida también depende de cómo cuidamos nuestros entornos", concluyó el ambientalista.
Fuente original: Santa Marta Al Día


