San Andrés tiene 17 meses: la crisis de basura que ya no se puede esperar

El relleno sanitario Magic Garden de San Andrés está llegando al colapso. La Corporación Ambiental Coralina advirtió oficialmente que le quedan apenas diecisiete meses de vida útil. No es un problema futuro sino una realidad presente que exige decisiones inmediatas, pues la isla sigue produciendo residuos a un ritmo insostenible sin soluciones estructurales. Además de la basura, el alcantarillado está en estado crítico con aguas residuales sin tratar llegando al mar.
La alerta ya está sobre la mesa y es oficial. La Corporación Ambiental Coralina presentó formalmente ante la Gobernación una solicitud de Alerta Amarilla ambiental. El diagnóstico es contundente: al relleno sanitario Magic Garden le quedan diecisiete meses de vida útil. No es una especulación lejana ni un problema que las próximas administraciones tendrán que resolver en el futuro. El reloj ya está corriendo y San Andrés enfrenta una crisis ambiental que fue anunciada con tiempo suficiente.
Lo que más inquieta no es solo que el límite esté cerca, sino la tranquilidad casi aterradora con la que la isla sigue adelante como si nada pasara. El documento técnico habla de capacidades agotadas, presiones operativas y riesgos ambientales con ese lenguaje frío de los procedimientos administrativos. Pero cada número esconde una verdad incómoda: San Andrés sigue generando residuos más rápido de lo que puede procesarlos. Magic Garden se convirtió en el espejo de un modelo que nunca fue sostenible. Durante años, la isla expandió el turismo, el consumo y la producción de desechos sin desarrollar en paralelo las soluciones estructurales para manejarlos. Ahora la basura ya no puede tratarse como un tema de segundo plano ni como algo que se resolverá con el tiempo o un cambio de gobierno.
El panorama se agrava porque la crisis de residuos sólidos no viene sola. El alcantarillado sanitario también está en estado crítico. El sistema es insuficiente e ineficiente: aguas residuales sin tratamiento adecuado desembocan directamente al mar, y los vertimientos ilegales generan olores penetrantes en las calles, especialmente en barrios como North End. Es un cuadro deprimente que afecta la calidad de vida de los sanandresanos.
Ahora no sirven más diagnósticos ni mesas de trabajo. Se necesitan decisiones concretas ya. Hay que definir alternativas reales para dónde irá la basura, fortalecer seriamente los programas de reducción y reciclaje, modernizar toda la gestión ambiental y reconocer de una vez que esto no es un asunto de ornato sino de supervivencia territorial.
Pero tampoco todo cae en los hombros de las autoridades. La isla completa tiene que revisarse a sí misma. Cada botella plástica, cada bolsa desechable, cada tonelada de basura que llega diariamente a Magic Garden es responsabilidad de quienes la generan. El problema no nace en el relleno sanitario sino mucho antes: en cómo la gente produce, compra y desecha.
San Andrés aún tiene margen para actuar, aunque ese margen ya no se cuenta en años sino en meses. Ignorar nuevamente estas advertencias sería transformar una crisis anunciada en una catástrofe que la isla eligió permitir. La basura no desaparece; simplemente se mueve de un lado a otro. Y una isla que no encuentra dónde poner sus residuos termina quedándose, inevitablemente, sin espacio para su propio futuro.
Fuente original: El Isleño