Samuel Martínez, el juglar que cantó La Loma y conquistó el vallenato con sus propias composiciones

Samuel Antonio Martínez Muñoz fue un compositor y acordeonero de La Loma, Cesar, cuya canción "La Loma" se convirtió en una de las más interpretadas en festivales vallenatos. Grabada por artistas como Alfredo Gutiérrez, Jorge Oñate y Silvestre Dangond, la canción surgió de una historia real entre hermanos. En su honor se creó un festival anual que continúa vigente en el municipio. Martínez falleció en 2004 dejando un legado profundo en el folclor regional.
En el corazón de La Loma, un municipio del Cesar donde no había aún huella de las grandes minas de carbón, vivía Samuel Antonio Martínez Muñoz, un hombre delgado, sonriente y tan querido que la gente lo llamaba simplemente "Samuelito" o "el negro Samuelito". Durante toda su vida se dedicó a lo que más amaba: tocar su acordeón y componer canciones que hablaban de todo lo que lo rodeaba. Era celoso de su trabajo y nunca intentó cantar piezas ajenas, reclamando cuando alguien pretendía atribuirse sus composiciones.
Lo particular de Samuelito era que casi no hablaba, pero cuando menos se esperaba estrenaba una nueva canción que llevaba guardada en su memoria. Con el tiempo se dedicó a complacer a amigos que le contaban sus penas y alegrías. Él, rápido para componer, les hacía canciones para sus celebraciones o serenatas, y de esa manera conseguía algunos pesos. Una de esas composiciones se convirtió en su obra más famosa: "La Loma".
La historia detrás de esta canción es tan vallenata como el mismo género. Samuelito la dedicó a su hermano Ignacio, apodado "Nachera", quien se marchó de La Loma hacia el caserío de Tronconal en Chimichagua por causa de un disgusto. Cuando el juglar se arrepintió, buscó la manera de traerlo de regreso. Así surgió la composición donde decía: "Samuelito no sabe en qué forma, ha perdido a su hermano querido, que se venga pa' cá pa' La Loma, que con mucho gusto lo recibo". El recado cantado llegó a oídos de Nachera, quien regresó para abrazarse con su hermano. Este episodio real ocurrió a comienzos de los años sesenta.
La canción se conoció nacionalmente en 1974 cuando Alfredo Gutiérrez la grabó y la interpretó en dos ocasiones en el Festival de la Leyenda Vallenata, coronándose como Rey Vallenato. Después vinieron otras versiones memorables: Jorge Oñate la grabó con los Hermanos López, y hace dieciocho años también lo hizo Silvestre Dangond con el acordeonero Juancho de la Espriella. En tres minutos y dieciocho segundos, el mundo vallenato conoció en detalle la historia de reconciliación entre los hermanos Martínez.
En febrero de 1990, un grupo de jóvenes de La Loma decidió organizar un festival en honor a Samuelito. La reunión se realizó en el comedor de la Escuela Mixta No. 1, y eligieron como presidente a Jorge Naín Ruiz Ditta. Poco a poco consiguieron los recursos necesarios y el primer festival se realizó del 14 al 16 de julio de ese año, usando como tarima el zorro de un tractor. Cuando le comunicaron sobre el homenaje, Samuelito respondió: "Ahora se le ocurrió al hijo de Francia Elena Ditta, y a un grupo de inquietos muchachos, de hacerme un festival. Ojalá sirva para que me ayuden y La Loma se conozca más. Qué más puedo pedir si tengo la bendición de Dios y el amor de la familia". El juglar asistió sin faltar a cada versión anual, interpretando sus canciones mientras las fuerzas lo acompañaban.
Samuel Martínez falleció el 27 de septiembre de 2004, cuando tenía 82 años. En sus últimos días, la ceguera lo mantenía en su cama sin poder disfrutar del patio donde siempre se encontraba, y ya no llegaban los amigos a pedirle que les compusiera canciones para sus enamoradas o para calmar sus pesares. Se le hizo una despedida con todos los honores, y el Festival de Canciones Samuel Martínez ha continuado su marcha invitando a todos a ese pueblo donde siempre reciben con gusto a los visitantes. El juglar se fue dejando su nombre vigente y el recuerdo de cómo supo administrar sus nostalgias, demostrando que la mejor manera de zanjar diferencias, incluso con los hermanos, era buscando abrazos de paz a través de las notas del acordeón.
Fuente original: Guajira News



