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Rosa recibe su taxi y llora: "El doctor Dumek me cambió la vida"

Fuente: Diario Bolívar
Rosa recibe su taxi y llora: "El doctor Dumek me cambió la vida"
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Rosa Mora, taxista cartagenera, fue seleccionada junto a otra conductora para recibir un vehículo a través de un programa de la Alcaldía enfocado en autonomía económica para mujeres. Tras años de incertidumbre económica, el regalo le devolvió la paz y la tranquilidad que había perdido. Su reacción al descubrir que el alcalde la esperaba dentro del carro fue llorar de emoción, sabiendo que su vida había cambiado completamente.

Cuando Rosa Mora vio la placa de su taxi estacionado afuera de la oficina, algo en su pecho se movió. "Cuando veo la placa, se me eriza la piel todavía", cuenta sonriendo, como quien revive un momento que jamás olvidará. Ese día la habían citado con su compañera Daisy Hurtado, también taxista, con la excusa de firmar unos papeles pendientes. Nadie les dijo que sus vidas estaban a punto de cambiar.

De diez mujeres que iniciaron el proceso de selección, solo estas dos perseveraron y resultaron escogidas tras una caracterización que la Oficina de Asuntos para la Mujer del Distrito enfocó en autonomía económica. El programa, articulado con el Sindicato de Taxistas y el Plan de Emergencia Social Pedro Romero, buscaba fortalecer la empleabilidad femenina en Cartagena bajo iniciativas de gobierno con enfoque de género, priorizadas por el alcalde Dumek Turbay.

Bajaba las escaleras cuando vio el taxi. Lo reconoció al instante, se sabía la placa de memoria. "¡Ese es mi carro!", exclamó. Pero lo que vino después superó toda expectativa: cuando abrió la puerta, encontró al alcalde Dumek Turbay sentado al volante. "Aquí está lo que te prometí", le dijo. Rosa no pudo contener las lágrimas. "Y yo lo único que hice fue abrazarlo y ponerme a llorar", recuerda. No lloraba por el vehículo en sí, sino por todo lo que representaba: las deudas, las jornadas eternas preguntándose si quedaría dinero después de guardar la tarifa diaria, la angustia de no saber si alcanzaría para comer. "Eso de pensar: 'No hice la tarifa', 'la gasolina se está acabando', 'no sé si voy a almorzar hoy', eso se acabó gracias a Dios".

La emoción fue tanta que cuando intentó arrancar el carro, los nervios ganaron. "Se me olvidó qué era el clutch y cómo prender un carro", cuenta entre risas. Después de años manejando tractomulas y camiones de carga pesada, su propio taxi la dejó sin palabras. Su primera parada fue en casa de una amiga en Olaya Herrera. Cuando llegó, la mujer le dijo que le habían cambiado el vehículo. Rosa respondió, sin poder contener nuevamente las lágrimas: "No. El doctor Dumek me cambió la vida".

Desde entonces, trabajar dejó de ser solo una obligación. Ahora maneja con calma, escucha historias de sus pasajeros y ofrece orientación a quienes se suben buscando ayuda o simplemente conversación. "Se me suben personas con dudas de dónde hospedarse, personas con problemas y siempre trato de aconsejarlas, con su debido permiso". Habla de su profesión con un orgullo que antes no tenía. "Me encanta ayudar. Me encanta mi trabajo".

El carro le dio estabilidad económica, sí, pero también le devolvió algo que había perdido años atrás: la paz mental. "Hoy vivo más tranquila, duermo más tranquila. Mi vida mejoró un 100%", dice desde la calma de su nuevo hogar. Ya no despierta con la angustia de no saber cómo resolver el día siguiente. Ahora se levanta sabiendo que afuera la espera su herramienta de trabajo, su oportunidad, su alivio.

Con este taxi sacó adelante a sus tres hijos profesionales y sigue peleándole a la vida con la misma terquedad de siempre. Para muchos puede parecer solo un carro, pero para Rosa significa tranquilidad, paz, la posibilidad de vivir con más pausa. Es la prueba de que cuando hay propósito, siempre hay forma de salir adelante.

Fuente original: Diario Bolívar

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