Riohacha recupera los buses urbanos después de casi 30 años: una segunda oportunidad para la ciudad
Después de casi tres décadas sin transporte urbano organizado, Riohacha vuelve a ver circular buses por sus calles. La desaparición de empresas como Sotranucha en los años noventa dejó a la ciudad dependiendo del transporte informal. Ahora, con el regreso de este servicio, la capital guajira tiene una oportunidad para recuperar movilidad, orden y una mejor calidad de vida, pero requiere compromiso de autoridades, empresarios y ciudadanos.
Para los riohacheros que recuerdan los años ochenta y noventa, lo que está sucediendo en las calles de la ciudad estos días no es simplemente la llegada de unos vehículos más. Después de casi treinta años sin ellos, el regreso de los buses de transporte urbano representa mucho más: es recuperar la organización y la movilidad que la capital guajira fue perdiendo lentamente a lo largo de las décadas.
A mediados de los noventa todo cambió cuando desaparecieron las empresas que históricamente prestaban este servicio. Sotranucha fue la primera en caer, una empresa que generaciones enteras recuerdan conectando barrios, escuelas, mercados y oficinas públicas. Le siguieron Utragua y otros intentos empresariales que simplemente no lograron sostenerse. Lo que terminó acelerando el colapso fue la irrupción del transporte informal y los vehículos colectivos modernos, que ofrecían algo que los buses tradicionales no podían garantizar: velocidad, flexibilidad y acceso a cualquier rincón de la ciudad. Poco a poco los usuarios dejaron de abordar los buses, las empresas operaban con pérdidas sin respaldo institucional, las vías se deterioraban y la cultura ciudadana no ayudaba. El resultado fue inevitable: la quiebra total del sistema.
Durante casi tres décadas, Riohacha fue una ciudad sin buses urbanos. Mientras tanto, creció de manera desordenada, aparecieron nuevos barrios en la periferia y miles de personas quedaron completamente dependientes de mototaxis, carros colectivos y vehículos particulares. Estos servicios resolvieron necesidades inmediatas, es verdad, pero también trajeron consigo problemas de informalidad, accidentes y falta de regulación que marcaron la movilidad de la ciudad.
Ahora que los buses regresan, es fundamental entender que esto no es un experimento pasajero sino una oportunidad histórica real. Riohacha de hoy no es la pequeña ciudad de hace treinta años: tiene más habitantes, más tráfico y mayores necesidades de desplazamiento. Para que el transporte urbano funcione esta vez, no basta con poner vehículos circulando. Se necesita que las autoridades garanticen rutas claras, seguridad y vías en buen estado. Los empresarios deben ofrecer un servicio digno, puntual y cómodo que pueda competir con otras opciones de movilidad. Y los ciudadanos, que también tienen su parte, deben usar el servicio sabiendo que ninguna empresa sobrevive si sus buses andan vacíos.
Lo que está en juego es más grande que unos buses. Cuando desaparece el transporte público, pierde la ciudad entera. Y cuando regresa, como ahora, toda la ciudad tiene la oportunidad de avanzar hacia una movilidad más organizada y más humana. Ojalá esta vez las cosas sean diferentes.
Fuente original: Diario del Norte

