Riohacha clama por ética en la política: de la abandono a la dignidad ciudadana

Riohacha enfrenta una crisis profunda marcada por infraestructura deficiente, servicios públicos precarios y criminalidad elevada. Según plantea la columnista Dorafanny Vargas Correa, el origen de esta situación está en la politiquería y la compra de votos que ha prevalecido en las administraciones locales. La propuesta central es romper con este ciclo electoral mediante una "lógica de la ética" que privilegie la transparencia, el bien común y la dignificación del espacio público como herramienta para recuperar la ciudad.
Caminar por las calles de Riohacha es enfrentarse con una realidad incómoda. No se trata solo de que falte infraestructura; es que el abandono se respira en cada esquina. Según la columnista Dorafanny Vargas Correa, quien escribe para Guajira News, lo que hoy vemos en la capital guajira es "el resultado de un modelo que ha canjeado el futuro de miles por el beneficio inmediato de unos pocos". Un paisaje que refleja años de decisiones que priorizaron los intereses particulares sobre las necesidades colectivas.
El ciclo que ha mantenido a Riohacha en esta situación es tan mecánico como conocido. En cada época de elecciones, el poder se negocia al mejor postor mientras los ciudadanos, muchas veces presionados por la necesidad, entregan su voto a cambio de promesas que nunca se cumplen. Pero ese costo no se mide en dinero: se paga con hospitales sin medicamentos, con carreteras que no se construyen, con un acueducto que más parece una leyenda, con basura en las vías, con servicios que no funcionan, con una ciudad sin iluminación adecuada y con una juventud que no ve futuro en su propia tierra. Los índices de criminalidad siguen subiendo mientras la esperanza baja.
Frente a este panorama desolador, Vargas Correa plantea que la indignación por sí sola no sirve. Lo que hace falta es un cambio de dirección, y ese cambio empieza por quitarle el poder a quienes han convertido la administración pública en un negocio personal. La propuesta es entrar en "una nueva frecuencia: la lógica de la ética". No se trata de un romanticismo ingenuo, sino de entender que la ética es el compromiso real con manejar transparentemente los recursos públicos.
Cuando la ética guía la gestión administrativa, sucede algo transformador: la ciudad comienza a verse diferente. Parques, escuelas y centros de salud dejan de ser simples construcciones de concreto para convertirse en espacios que respetan la dignidad de quienes los habitan. Una ciudad limpia, ordenada y funcional no es un lujo; es un derecho. Riohacha podría ser ese lugar donde el espacio público invita al encuentro en lugar de generar miedo.
La pregunta ahora es si la ciudad está dispuesta a cerrar la puerta a la compra de conciencias y elegir otro camino. Vargas Correa es clara en su llamado: "Es momento de elegir la dignidad sobre la dádiva, y la planificación sobre la improvisación". Riohacha tiene todo lo necesario para ser la capital vibrante que se merece el Caribe colombiano, pero ese despertar comienza por recuperar la ética como brújula política. El cambio no llegará en una urna que se compra, sino en las mentes que finalmente decidan despertar.
Fuente original: Guajira News


