Riohacha atrapada entre proyectos que no avanzan y desconfianza ciudadana
Riohacha enfrenta un problema recurrente: grandes proyectos de infraestructura como la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales y una nueva plaza de mercado quedan estancados por divisiones en la opinión pública. La ciudad necesita recuperar la confianza para avanzar en obras que responden a necesidades reales, pero sin sacrificar la vigilancia sobre los recursos públicos.
En Riohacha hace rato se instaló una costumbre incómoda: condenar los proyectos antes de que empiecen. Mientras el calor del desierto golpea sin piedad y la gente busca refugio donde puede, grandes obras que la ciudad necesita terminan paralizadas por polémicas que nacen incluso antes de conocer los detalles técnicos. Es como si los espejismos del desierto se hubieran apoderado también de las decisiones públicas.
Hoy la capital guajira debate dos proyectos que definirán su futuro. El primero es la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales, obra que ha sido una deuda histórica. Las aguas residuales siguen siendo vertidas al mar Caribe y a cuerpos de agua cercanos, contaminando el ambiente, afectando la salud de la gente y dañando la imagen turística de la ciudad. Los recursos existen, pero el proyecto no avanza. El segundo es la nueva plaza de mercado, que genera división entre quienes ven la necesidad de modernizar el comercio y quienes recuerdan los miles de millones invertidos hace treinta años en una central de abastos que nunca funcionó como se esperaba.
La pregunta que muchos ciudadanos se hacen es válida: por qué invertir en nueva infraestructura cuando proyectos anteriores terminaron abandonados. Pero también es cierto que Riohacha no es la misma de hace tres décadas. La ciudad creció, el comercio cambió de dinámicas y las condiciones sanitarias exigen espacios seguros y organizados tanto para vendedores como para compradores. Si los estudios técnicos demuestran que una nueva plaza es la mejor solución, el debate debe enfocarse en garantizar que sea viable, sostenible y bien ubicada.
Lo que Riohacha realmente necesita es recuperar la confianza en sus instituciones. Los ciudadanos tienen derecho a exigir transparencia, a revisar los estudios en serio, a vigilar que las licitaciones sean limpias y que los recursos públicos se usen bien. Esa vigilancia es legítima y necesaria. Pero no puede confundirse con el hábito de oponerse a todo sin conocer los proyectos a fondo.
La ciudad no puede seguir paralizada por desconfianza. La Planta de Tratamiento, la nueva plaza de mercado, una vía circunvalar que mejore la movilidad en el centro y otros proyectos son oportunidades para cerrar deudas que lleva arrastrando. Lo importante no es impedir que se construyan, sino asegurar que se hagan bien, con responsabilidad y una visión pensada en lo que necesitan las próximas generaciones de riohabachenses.
Fuente original: Diario del Norte

