Remolino: un pueblo junto al río donde la naturaleza es el principal atractivo

Remolino es un municipio pequeño de apenas 9.555 habitantes ubicado en la ribera del río Magdalena, en la zona Atlántica. Su economia se basa en la pesca, ganadería y agricultura, y su malecón es el corazón social donde se reúnen los habitantes. El pueblo ofrece atractivos naturales, arquitectura tradicional y está a dos horas y media de Santa Marta para quienes quieran visitarlo.
A orillas del río Magdalena se encuentra Remolino, un municipio que parece sacado de otro tiempo. Con apenas 9.555 habitantes, este pequeño pueblo se caracteriza por sus paisajes verdes, el sol radiante y esa tranquilidad que solo encuentran en lugares donde la naturaleza es la protagonista. Desde que uno entra al municipio por la carretera destapada, lo primero que ve es el entorno natural: fincas con ganado, árboles frondosos y la vegetación típica de la ribera, que te recuerda el ritmo lento de la vida en el campo colombiano.
El corazón de Remolino late en el malecón, ese espacio junto al río donde se congrega toda la comunidad. A la sombra de los grandes árboles, los remolineros se reúnen para conversar, descansar y contemplar las aguas del Magdalena. Es el lugar donde pasa la vida del pueblo, donde todos se conocen y donde se siente esa calidez de los pueblos pequeños.
La economía local gira alrededor de actividades primarias que han sustentado a sus habitantes por generaciones. La pesca es fundamental, junto con la pequeña ganadería y la agricultura. Lo que se cultiva y se pesca se comercializa principalmente en el Atlántico, el departamento más cercano. Para moverse dentro del pueblo, los remolineros utilizan motocarros o motocicletas, con trayectos cortos que cuestan mil pesos por persona.
Para quienes deseen conocer Remolino, el viaje comienza en Santa Marta, a dos horas y media de distancia. Desde la Terminal de Transportes de Santa Marta salen buses y vans hacia Barranquilla, con costos entre 15 mil y 24 mil pesos. Hay que solicitar al conductor que lo deje antes del puente Pumarejo, en la entrada de Palermo. Desde allí parte un bus que cubre la ruta Sitionuevo-Remolino por 8 mil pesos. También existe la opción de llegar en chalupa desde Sabanagrande, en el Atlántico, siguiendo la ruta fluvial por Sitionuevo.
Una vez en el pueblo, los visitantes pueden conocer la Parroquia Inmaculada Concepción en la plaza principal, rodeada de un parque tranquilo. El malecón es visita obligada, con vistas al imponente río Magdalena y, al fondo, las plantaciones de banano y otros cultivos que prosperan en la isla, un terreno fértil donde muchos habitantes tienen sus parcelas. Caminando por las calles del municipio se observan casas de bareque, construcciones de barro hechas con técnicas centenarias que heredaron campesinos e indígenas. Los aventureros pueden visitar también la Ciénaga de Buenavista, un paraje natural a 40 minutos del municipio.
Para comer, en los alrededores de la plaza principal hay refresquerías donde sirven fritos y pasabocas típicos como empanadas y caribañolas, esos manjares que solo encuentran el sabor verdadero en pueblos como este, donde la comida sigue siendo preparada como se hacía de toda la vida.
Fuente original: Periódico La Guajira

