Reggae: la música que mantiene viva el alma raizal de San Andrés

En las islas del Archipiélago, el reggae trasciende lo musical para convertirse en símbolo de identidad y resistencia del pueblo raizal. Declarado Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO en 2018, el género sigue siendo vehículo para preservar la lengua creole, la historia y las tradiciones isleñas. Los cultores del reggae advierten sobre la competencia de otros géneros entre los jóvenes, pero mantienen la esperanza de que su mensaje de paz y justicia social continúe inspirando nuevas generaciones.
El reggae no es solo música en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Cada primero de julio, cuando se conmemora el Día Internacional del Reggae, las islas reafirman lo que sus habitantes saben desde hace décadas: este género es la voz viva de su identidad, su resistencia y su memoria como pueblo raizal. Para músicos y gestores culturales isleños, el reggae sigue siendo el símbolo más potente de sus raíces y la herramienta más efectiva para mantener viva su lengua, su historia y sus tradiciones en un mundo que constantemente amenaza con homogeneizar las culturas.
La importancia del reggae en el archipiélago llegó a tal punto que en 2018 la UNESCO lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconociendo su capacidad única para transmitir mensajes de paz, justicia social, resistencia y dignidad. Una validación internacional que llegó décadas después de que pioneros como Job Saas y The Rebels H.B. plantaran las primeras semillas del género en las islas a finales de los años setenta. Aunque hoy comparte escena con ritmos más contemporáneos, quienes han dedicado su vida al reggae coinciden en que su esencia permanece intacta y sigue inspirando a nuevas generaciones de artistas comprometidos con defender la cultura isleña.
Job Saas, miembro emblemático de The Rebels H.B. de los años ochenta, explica que el reggae ha sido inseparable de lo que significa ser raizal. "Para la cultura raizal, el reggae es parte fundamental de su esencia. Su mensaje habla de libertad, justicia, unidad, amor por la naturaleza y sentido de pertenencia", afirmó. Para Saas, este género ha funcionado como brújula espiritual y política, enseñándole a sus seguidores no solo a ser libres, sino a saber quiénes son y de dónde vienen. Sin embargo, reconoce que otros géneros han ganado terreno entre los jóvenes, alejándolos del reggae. A pesar de ello, mantiene la convicción de que el futuro del género está garantizado: "El reggae no nació para competir, sino para compartir. Es una forma de resistencia frente a las injusticias y siempre trae de vuelta el amor".
El escritor e investigador Iván Samir Otero, quien próximamente publicará su libro 'Sand N' Dreads, nuestro reggae y la música isleña de todos los tiempos', recuerda que el reggae enfrentó una llegada lenta al archipiélago cuando desembarcó a finales de los setenta. El calipso y la música góspel dominaban el panorama, pero personajes como Teacher Pepa, Gustavo Bush y Job Saas abrieron la brecha para que el reggae se estableciera como una de las principales voces culturales de las islas. Uno de los aportes más valiosos del reggae, según Otero, ha sido la preservación del creole y la memoria oral del pueblo raizal. "A través del reggae se ha ido guardando la memoria del archipiélago. Los primeros temas se cantaban en nuestro inglés caribeño y eso permitió conservar parte de nuestra identidad", destacó. Para Otero, la celebración internacional del reggae significa reconocer que las islas son Caribe, que tienen un lenguaje común y que esa música las representa como comunidad comprometida con la paz y el respeto.
Félix Mitchell Gordon, compositor y músico raizal, entiende su trabajo con el reggae como una responsabilidad espiritual. "Para mí cantar reggae es predicar. Cada canción debe dejar una enseñanza, abrir los ojos de la gente y recordar que debemos ser nosotros mismos, siguiendo las enseñanzas de nuestros abuelos", expresó. Mitchell Gordon recuerda que en sus inicios el reggae cargaba con el estigma injusto de estar asociado al consumo de drogas, lo que frenó su aceptación en algunos sectores. Pero cuando la población comenzó a escuchar realmente el mensaje detrás de las canciones, el reggae se convirtió en algo sagrado: "Era nuestro principal ritmo musical y todos disfrutábamos cuando llegaban grandes artistas a la isla".
Nury Celis, directora del coro infantil de la Casa de la Cultura de San Andrés e integrante histórica de The Rebels, ve el reggae como la banda sonora permanente de la identidad isleña. "Es la voz de nuestras raíces y del mar. Hoy se siente ahogado por otros géneros alejados de nuestra cultura, pero sigue vivo y silencioso en el alma de quienes lo conocemos y lo amamos", expresó. Para Celis, el Día Internacional del Reggae representa un reconocimiento a quienes continúan luchando por mantener viva esta expresión artística. "Esta fecha es un homenaje a nuestra música, a nuestras raíces y a los artistas que seguimos manteniendo viva esta expresión con fuerza y total orgullo".
En las islas, el mensaje es claro: el reggae es mucho más que un género musical. Es la manifestación más auténtica de quiénes son como pueblo, una herramienta para preservar lo que sus abuelos les dejaron, y un legado que sigue transmitiendo los valores de paz, respeto, libertad y amor que definen al pueblo raizal. Mientras otros ritmos van y vienen, el reggae permanece, silencioso pero firme, en el corazón de las islas.
Fuente original: El Isleño

