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Primera vuelta deja polarización extrema: ganadores y perdedores en un país dividido

Fuente: Minuto30

La jornada electoral del domingo redibujó el mapa político colombiano con resultados que sorprendieron a propios y extraños. Mientras Abelardo de la Espriella avanzó a segunda vuelta con el 43.7% de los votos, la izquierda y el uribismo sufrieron reveses significativos. Pero más allá de números, lo preocupante es que Colombia quedó partida en dos mitades irreconciliables, con un centro político vacío y una polarización que amenaza la gobernabilidad futura.

Los resultados de la primera vuelta presidencial borraron del mapa las certezas políticas de hace apenas unos meses. Los grandes perdedores de la jornada sorprendentemente habitan en los extremos del poder: tanto la izquierda petrista como el uribismo histórico sufrieron golpes duros que marcaron el fin de una era en la política colombiana.

Para la izquierda, el fracaso fue contundente. La utopía de ganar en primera vuelta se desmoronó cuando Iván Cepeda quedó rezagado con apenas el 40.9%, obligando una segunda vuelta que nadie esperaba. El desconcierto fue tal que el presidente Gustavo Petro recurrió a denuncias de fraude desde sus redes sociales, una reacción que solo expone el desgaste profundo de su relación con los colombianos. Por su parte, el uribismo de Paloma Valencia quedó fuera de combate con un lánguido 6.9%, evidenciando que perdió la hegemonía en sus fortines tradicionales como Antioquia. Las viejas estructuras políticas, que antes entregaban votos automáticamente, ya no funcionan como antes. Las encuestadoras que prometían victoria en primera vuelta quedaron también con los pantalones bajados.

En la otra orilla, Abelardo de la Espriella capitaliza el descontento y avanza a segunda vuelta con el 43.7% de los sufragios, apoyado por liderazgos locales poderosos como la Familia Char en el Caribe y Federico Gutiérrez en Medellín. Sergio Fajardo logró arañar el 4.2%, lo que le asegura la reposición de votos que mantiene viva su estructura política y su personería jurídica. Juan Daniel Oviedo también emerge fortalecido, desmarcándose a tiempo de una contienda presidencial para enfocarse en la Alcaldía de Bogotá.

Lo verdaderamente alarmante, sin embargo, va más allá de los porcentajes. La radiografía que dejó esta jornada revela una nación partida en dos mitades casi simétricas y furiosas, mirándose con desconfianza desde trincheras ideológicas que parecen irreconciliables. El espacio para el diálogo civilizado se reduce cada día, mientras los colombianos se alejan los unos de los otros a una velocidad vertiginosa.

El centro político quedó completamente huérfano. No hay liderazgo aglutinador que reúna al país, y ese vacío es peligroso. Mientras los extremos estiran la cuerda de la sociedad hasta sus límites, millones de ciudadanos quedan atrapados en una guerra de trincheras que no es suya, que no pidieron y que los agota.

Colombia entra ahora a tres semanas cruciales rumbo al balotaje del 21 de junio en estado de crispación absoluta. El próximo presidente no solo deberá gobernar la economía o reformar la salud: tendrá que suturar una herida social que esta primera vuelta dejó expuesta. La polarización tocó su techo peligroso. Si no reconstruimos puentes y volvemos a encontrarnos en un centro común, quien gane terminará gobernando sobre las cenizas de un país fracturado.

Fuente original: Minuto30

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