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Por qué los billetes tienen tantos colores: más que estética, es supervivencia

Fuente: BBC Mundo - Economía

Los colores de los billetes no son solo decoración: son herramientas de seguridad contra falsificadores y ayudan a identificar el dinero en efectivo, especialmente en países con alto analfabetismo. Desde tintas que cambian de color hasta sistemas de polímero, los bancos centrales del mundo invierten en tecnología sofisticada para proteger sus monedas. Cada país elige sus propias combinaciones cromáticas, y algunas decisiones históricas se remontan a más de un siglo atrás.

Mientras el mundo debate si el dinero en efectivo desaparecerá, la realidad es tozuda: el Banco Mundial calcula que apenas la mitad de los adultos del planeta tiene una cuenta bancaria. Esto significa que los billetes seguirán siendo imprescindibles durante muchos años, así que los bancos centrales no dejan de innovar para mantenerlos seguros.

El color es una de esas innovaciones clave. No es casualidad que cada denominación tenga su propio tono. Estos colores sirven principalmente para tres cosas: dificultar las falsificaciones, permitir que máquinas de procesamiento identifiquen automáticamente cada billete, y algo crucial que a menudo olvidamos: ayudar a personas con limitaciones visuales y a poblaciones analfabetas a reconocer qué valor tienen en las manos.

Toma el caso de India. Con 287 millones de adultos analfabetos (según la UNESCO) y solo el 35% de su población con acceso a cuentas bancarias, los colores son literalmente vitales. Sus billetes son un arcoíris: verdes los de 5 rupias, naranjas los de 10, azules los de 50. Para los falsificadores, India ha implementado tinta de seguridad suiza que cambia de color cuando inclinas el billete. Los números 500 aparecen en verde en posición horizontal y se vuelven azules si los inclinas. El 80% de las imprentas de dinero del mundo usa esta misma tecnología suiza.

Canadá optó por un enfoque diferente. Desde 1935, sus billetes mantienen los mismos colores: azul cielo para los de cinco dólares, verde menta para los de 20 (que representan el 50% del efectivo circulante), rojo óxido para los de 50. El verde menta se volvió tan icónico que canadienses llaman "océano verde" al flujo de efectivo de su país. Curiosamente, una serie de 1954 casi causa pánico nacional cuando la población notó que en el retrato de la reina, una zona del pelo parecía un diablo sonriente. El banco tuvo que reimprimir con el retrato corregido "para exorcizar al demonio", según su sitio oficial.

Australia en 1992 fue pionera al cambiar de papel a billetes de plástico (polímero), una decisión que redujo dramáticamente las falsificaciones. Estos billetes duran hasta cuatro veces más y con una tinta especial que hace fluorescentes los números bajo luz ultravioleta, Australia logró una de las tasas de falsificación más bajas del mundo.

Brasil cuando creó el real en 1994 eligió algo poético: cada billete representa un color del espectro visible. Los de 100 reales son azul turquesa, los de 50 naranja, los de 20 amarillo. Sus billetes de 10 y 20 incluyen tinta que cambia de azul a verde cuando los inclinas, prácticamente imposible de replicar con escáneres.

En Estados Unidos, el billete verde tiene historia desde 1862. El verde se mantuvo simplemente porque ese pigmento estaba disponible en cantidades masivas, era resistente a cambios químicos y "psicológicamente identificado con crédito estable del gobierno". Pero producir dinero tiene costo: hacer un billete de un dólar cuesta 5,4 centavos, mientras que uno de cien cuesta 13,1 centavos.

Lo curioso es que mientras más seguros son, más sofisticadas son las medidas. El billete de cien dólares incluye una campana que cambia de color en un tintero al inclinarlo: cobre que se vuelve verde. Parece magia, pero es ingeniería de seguridad. Y eso es lo que el color del dinero realmente dice de un país: no su belleza, sino cuánto invierte en protegerse a sí mismo.

Fuente original: BBC Mundo - Economía

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