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Por qué empleados comunes terminan cometiendo fraudes: el peligro de la "pendiente resbaladiza"

Fuente: BBC Mundo - Economía

Investigadores estadounidenses descubrieron que la mayoría de personas está capacitada para hacer trampa pequeña en el trabajo, pero lo preocupante es que esas infracciones éticas tienden a crecer con el tiempo. Desde falsificar horas hasta robar millones, todo comienza con justificaciones menores. Las empresas sin políticas éticas claras son especialmente vulnerables a este efecto dominó.

Cuando pensamos en fraude corporativo, imaginamos casos extremos: Bernard Madoff robando miles de millones a inversionistas o periodistas inventando historias completas. Pero una investigación reciente sugiere que el riesgo no está solo en los manzanas podridas evidentes, sino en prácticamente cualquiera de nosotros. Un estudio de académicos estadounidenses reveló algo inquietante: la mayoría de las personas es capaz de cometer actos poco éticos en el trabajo, y lo más peligroso es que una pequeña infracción tiende a convertirse en una mucho más grave con el paso del tiempo.

Los investigadores lo llaman el "efecto de pendiente resbaladiza", y los ejemplos más notables lo demuestran. Madoff confesó a la revista Vanity Fair: "Comienza cuando uno toma un poco, tal vez unos pocos cientos, unos pocos miles de dólares. Uno se siente cómodo haciéndolo, pero antes de que uno se entere, se ha convertido en algo grande". Jayson Blair, el periodista que plagió reportajes en The New York Times, lo vivió en carne propia. Años después de ser expuesto, reconoció que "crucé la línea en pequeña escala para lograr un objetivo pequeño. Pero una vez que crucé esa línea me abrí a hacerlo una y otra vez".

Para entender cómo funciona este patrón, Michael Christian, profesor de comportamiento organizacional de la Universidad de Carolina del Norte, realizó un experimento revelador. Pidió a estudiantes resolver rompecabezas con oportunidades para hacer trampa. Un grupo no tenía incentivo monetario hasta el final, cuando se les ofreció 2,50 dólares. El otro grupo recibía 25 centavos en el primer intento, luego 1 dólar, y finalmente 2,50 dólares en el tercero. El resultado fue contundente: solo el 30 por ciento del primer grupo hizo trampa, pero en el segundo grupo la cifra saltó al 60 por ciento. La razón es simple: cuando el dinero comienza siendo pequeño y crece gradualmente, la gente racionaliza más fácilmente sus acciones. Nadie salió lastimado, piensan. No me atraparon. ¿Qué tan malo puede ser? Esas justificaciones crecen junto con las infracciones.

Un ejecutivo experimentó esto de primera mano. Stephen Robert Morse, presidente de Skillbridge Inc, contrató a un desarrollador talentoso que inicialmente pidió trabajar un par de días desde casa. Morse consideró que era una solicitud razonable. Sin embargo, el empleado gradualmente comenzó a trabajar casi completamente desde casa, incumplió plazos cruciales, se ausentó dos semanas sin avisar y dejó de entregar trabajo, todo mientras seguía recibiendo sueldo. Cuando Morse finalmente lo confrontó, el desarrollador renunció y se rehusó a entregar el código en el que estaba trabajando. Finalmente, Morse tuvo que pagarle para recuperar el trabajo. En retrospectiva, debería haber actuado mucho antes, cuando los primeros incumplimientos eran aún menores.

La buena noticia es que las empresas pueden prevenir esta espiral. Christian descubrió en otro experimento que simplemente recordarle a los empleados sobre riesgos y consecuencias redujo el fraude en un 42 por ciento. David Cliff, asesor de negocios británico, sostiene que el problema comienza cuando las organizaciones no tienen directrices éticas claras y aplicadas. Muchas empresas hablan de ética solo en el papel, pero los líderes rara vez se sientan a revisar si realmente cumplen. Lo recomendable es establecer políticas explícitas, comunicarlas a todo empleado nuevo y revisarlas constantemente. Sin esa vigilancia, las infracciones vuelven a emerger. Blair, el periodista, aprendió la lección de la manera más dura. Hoy, como orientador personal certificado, mantiene una regla simple: no permanecer a unos centímetros de la línea ética, sino a kilómetros de distancia. Para él, la mejor protección no es flirtear con el peligro, sino evitarlo completamente desde el inicio.

Fuente original: BBC Mundo - Economía

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