Policía muere de infarto en sala de espera de clínica: investigan presunta negligencia médica
El subintendente Jaider Martínez Bayona llegó a la Clínica Regional Caribe de la Policía Nacional con dolor en el pecho, pero según testigos le indicaron esperar su turno. Después de intentar buscar atención urgente fue rechazado, se desplomó minutos después y falleció. El caso reabre cuestionamientos sobre la calidad de los servicios de salud para miembros de la institución policial.
En la sala de espera de la Clínica Regional Caribe de la Policía Nacional ocurrió una tragedia que dejó atónitos a quienes la presenciaron. El subintendente Jaider Martínez Bayona, adscrito a la Estación Ciudadela, llegó por sus propios medios aquejado de un fuerte dolor en el pecho. Era una señal de alarma que cualquier protocolo médico reconoce como prioritaria.
Lo que sucedió después, según cuentan los testigos, revela un cuadro de negligencia. Al llegar al área de triage le indicaron que debía esperar su turno a pesar de su evidente deterioro. Sentado e inquieto, con el rostro desencajado, Martínez Bayona se quejaba mientras el dolor aumentaba. Pasaron los minutos sin que nadie lo atendiera.
La desesperación lo llevó a levantarse e intentar caminar hasta un consultorio en busca de atención urgente. La respuesta fue negativa: le pidieron que regresara a su lugar. Apenas segundos después, el subintendente se desplomó sin signos vitales. Fue en ese momento cuando el personal médico reaccionó e intentó maniobras de reanimación, pero ya era demasiado tarde.
La muerte de Martínez Bayona encendió una nueva alerta sobre las condiciones de atención médica para los miembros de la Policía Nacional. Uno de sus compañeros expresó la frustración de muchos: "A este policía no lo mató la delincuencia, lo mató la indolencia". El caso vuelve a poner en el centro de debate la gestión del coronel Manuel Felipe Lizarazo, jefe de la Regional de Aseguramiento No. 8, a quien sectores internos señalan por fallas en la prestación de servicios de salud.
Las denuncias sobre demoras, falta de medicamentos, trabas administrativas y deficiencias en la red de atención médica no son nuevas dentro de la institución. Pero esta vez, lo que antes eran cifras se convirtió en una tragedia personal. El subintendente Martínez Bayona pidió ayuda en la única lugar donde tenía derecho a encontrarla: en una sala de espera. Y no llegó a tiempo.
Fuente original: Las Noticias Cartagena


