Petro arremete contra opositores mientras 69 militares mueren en tragedia del Hércules

El avión C-130 Hércules se accidentó en Puerto Leguízamo, Putumayo, dejando 69 militares muertos y 57 heridos. Mientras las familias lloran y la comunidad actúa heroicamente en el rescate, el presidente Petro se lanza en una ráfaga de insultos y acusaciones contra figuras de la oposición en redes sociales, evadiendo responsabilidades sobre la aeronave que su gobierno había recibido y mantenido. Las autoridades aún investigan las causas del siniestro.
La tragedia del avión Hércules dejó un vacío que ningún debate político podrá llenar. Sesenta y nueve militares, muchos de ellos jóvenes entre 18 y 20 años que apenas comenzaban su servicio, perdieron la vida cuando la aeronave C-130H se precipitó a tierra en Puerto Leguízamo, Putumayo, poco después de despegar. Mientras 57 heridos luchan por recuperarse en hospitales, sus familias enfrentan un dolor sin consuelo. Una madre de uno de los sobrevivientes lo resumió así: "Mi niño va a cumplir 19 años. Empezó su servicio militar en enero y ahora le pasó esto, él me alcanzó a llamar a decirme que se habían estrellado y ya, nueve horas después volví a saber de él, en esas horas yo morí de la angustia".
Lo que debería haber sido un momento de contención y duelo nacional se convirtió en una batalla política. El presidente Gustavo Petro, en lugar de guiar al país en el luto, se instaló en una campaña de acusaciones a través de redes sociales. Casi sin esperar a que terminaran las labores de rescate, dirigió sus críticas principalmente al expresidente Iván Duque. "Cómo fueron las modalidades del contrato para comprar un avión tan viejo. ¿El que usted compró para sus vuelos en Presidencia o el que compraron para los generales de la Policía eran tan viejos como el que se accidentó ayer? ¿Por qué compró usted un avión tan viejo?", cuestionó Petro en su cuenta de X. Sin embargo, hay un detalle incómodo para el mandatario: según el electo representante a la Cámara Daniel Briceño, la aeronave había sido sometida a una inspección mayor en 2021 y posteriormente recibida a satisfacción por su propio gobierno en diciembre de 2023. Ese mantenimiento costó a los colombianos 11.558 millones de pesos.
Con el paso de las horas, los insultos escalaron. Petro calificó a la exministra de Defensa Marta Lucía Ramírez como "Princesa de la oligarquía" y escribió: "Está es la consecuencia del egoísmo social de los ricos (...) Squifos y vampiras". A la exalcaldesa Claudia López le escribió: "Si te dedicaras a comprender en vez de mirar una evidente y falsa ventaja electoral (...) esa es la diferencia entre el ser humano y el animal de carroña". A María Fernanda Cabal la llamó "mujer vampira" con mensajes cargados de descalificaciones personales. Ni siquiera el exministro de Defensa Diego Molano escapó, siendo señalado de ser parte de "asalariados de los tacaños vampiros".
Mientras tanto, en la realidad de Puerto Leguízamo sucedía otra historia. Los pobladores, sin equipos especializados ni protocolos formales, convirtieron motocicletas en ambulancias. Entre hueco y hueco de calles sin pavimentar, trasladaban soldados heridos cubiertos de sangre hacia lugares donde pudieran recibir atención médica. Johan Trujillo, un campesino de la región, se destacó por su valentía participando activamente en la evacuación de numerosos heridos. Esos gestos de solidaridad contrastan enormemente con el tono confrontacional del presidente.
Las investigaciones aún no establecen las causas del accidente. Las hipótesis van desde posible exceso de peso hasta fallas mecánicas, aspectos que solo un análisis riguroso podrá esclarecer. Mientras tanto, el alcalde de Puerto Leguízamo, Luis Emilio Bustos, aprovechó para señalar que el aeropuerto opera en condiciones precarias. "La pista mide apenas 1.200 metros, es demasiado corta, con el Gobierno hemos buscado la ampliación, que se le invierta", afirmó. Agregó que el cerramiento del terminal está hecho con alambre de púas, lo que permite que el ganado atraviese los bordes y paste en la pista de aterrizaje.
Para muchos observadores, el episodio evidencia una pauta que ya es habitual en el presidente: convertir tragedias nacionales en episodios que giran alrededor de sí mismo, presentándose como quien advirtió los riesgos mientras desplaza responsabilidades hacia los demás. Un tono que, según críticos, caracterizará hasta el final de su gobierno. Pero para las 69 familias que perdieron a sus muchachos, el dolor no tiene fecha de caducidad. Sus nombres quedarán inscritos en una de las páginas más dolorosas de la historia reciente de las Fuerzas Militares colombianas.
Fuente original: El Colombiano - Colombia



