Petrismo y uribismo disputan la mayoría del Senado en comicios que redefinirán el poder en Colombia

Este domingo más de 41 millones de colombianos votan para elegir Congreso en una jornada que marca un giro político sin precedentes: las encuestas proyectan que el Pacto Histórico y el Centro Democrático concentrarían casi la mitad de las curules del Senado, replicando un bipartidismo que parecía superado. Sin embargo, ni petrismo ni uribismo lograrían mayoría sola, lo que obligaría a negociaciones intensas con partidos tradicionales como el Liberal y el Conservador para armar gobiernos viables.
Colombia se juega este domingo su futuro político en unos comicios legislativos que dibujan un panorama polarizado como pocas veces se ha visto en la era democrática reciente. Con más de 41 millones de ciudadanos habilitados para sufragar, la contienda por el Congreso que asumirá el 20 de julio de 2026 promete ser determinante para quien sea el próximo presidente de la República.
La batalla central es clara: petrismo contra uribismo por hacerse con el control parlamentario. Según la encuesta de Guarumo y Ecoanalítica, el Pacto Histórico alcanzaría un 28,7 por ciento de los votos, lo que podría significar unos 30 de los 102 curules disponibles en el Senado. El Centro Democrático vendría pisándole los talones con el 21,9 por ciento y potencialmente 23 escaños. En otras palabras, estas dos fuerzas controlarían aproximadamente la mitad de la cámara alta. Lo interesante es que ni siquiera con estos números tendrían mayoría para gobernar a su antojo.
Esto marca un retorno a un bipartidismo de otro tipo. Durante buena parte del siglo XX, liberales y conservadores dominaron la política colombiana. Esa estructura se difuminó después de la Constitución de 1991, cuando nuevos actores entraron al juego. Ahora, sin embargo, los números sugieren que estamos ante un nuevo modelo bipartidista, aunque en un contexto radicalmente distinto: uno permeado por polarización y enfrentamiento ideológico sin precedentes.
El profesor Cristian Rojas, jefe del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana, lo resume así: "Ambos saldrán fortalecidos de estas elecciones. Se van a concentrar más las votaciones como consecuencia de la polarización. Los que quieren la continuidad del Gobierno se agrupan entorno al Pacto y no le van a dar mucha oportunidad a otros partidos de izquierda como Fuerza Ciudadana o las listas de Roy Barreras, mientras que los que están en oposición tienden a pensar que el voto útil es por el Centro Democrático".
Pero aquí entra el factor crucial: después del domingo comienza el verdadero juego de ajedrez. Para alcanzar los 52 votos necesarios (la mitad más uno del Senado), tanto petrismo como uribismo necesitarán aliados. El Partido Liberal con intención de voto del 7,8 por ciento, el Conservador con 7,1 por ciento y La U con 6,2 por ciento se convertirán en piezas fundamentales. Congresistas de estas colectividades ya han dejado clara su posición: esperarán a ver los resultados del domingo para decidir hacia dónde inclinarán su respaldo.
Lo que suceda después de las elecciones será una lluvia de negociaciones. Candidatos presidenciales buscarán apoyo en distintos sectores, partidos menores y medianos actuarán como árbitros del destino político nacional, y habrá conversaciones sobre ministerios, contratos y presupuestos. La profesora Eugénie Richard de la Universidad Externado lo plantea claro: los partidos minoritarios serán actores decisivos, pues "ninguno de los dos grandes bloques podrá sacar reformas sin contar con los votos de los demás. Esos partidos tendrán el poder de definir las bancadas, pero a cambio de incidir en la agenda o participar en las mesas directivas".
La pregunta que flota en el ambiente es si el próximo gobierno tendrá capacidad de gobernar o enfrentará el mismo caos de bloqueos y obstrucciones que vivió Gustavo Petro. Para Andrés Caro, director de la Fundación para el Estado de Derecho, en tiempos de tanta polarización las negociaciones se complican: "El tipo de negociaciones depende del clientelismo y de la apertura del gobierno a oír posiciones contrarias. En contextos de mucha polarización esto parece muy improbable".
Lo seguro es que los próximos años serán de política de coalición. Como lo apunta Richard, esto no necesariamente significa falta de gobernabilidad, sino que habrá que ser pragmático. Lo que comience este domingo seguirá desarrollándose lunes tras lunes en pasillos, reuniones privadas y negocios políticos donde se definirá si el país avanza o se queda atrapado en confrontaciones estériles.
Fuente original: El Colombiano - Colombia



