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Partidos políticos en crisis: débiles, desorganizados y sin capacidad para frenar al gobierno

Fuente: Guajira News
Partidos políticos en crisis: débiles, desorganizados y sin capacidad para frenar al gobierno
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Los partidos políticos colombianos atraviesan una crisis profunda de credibilidad y cohesión que ha debilitado su rol como contrapeso del poder. Aunque tienen herramientas legales para ejercer oposición, muchos han perdido conexión con sus bases y disciplina interna. La falta de una oposición fuerte genera riesgos para el equilibrio institucional y alimenta la desconfianza ciudadana en el sistema político.

Los partidos políticos están llamados a ser los guardianes de la democracia, el principal freno al poder ejecutivo. Pero en Colombia, esas organizaciones que deberían mantener el equilibrio institucional atraviesan una crisis tan profunda que generan dudas legítimas sobre su capacidad real para defender el sistema. La falta de cohesión, disciplina y liderazgo ha dejado a muchos de ellos convertidos en estructuras vacías, más preocupadas por la supervivencia burocrática que por defender principios.

El marco legal está ahí. Desde 2018, la Ley 1909 permite a los partidos con personería jurídica definirse como de gobierno, de oposición o independientes. No es un trámite menor. Según esa posición, adquieren derechos y deberes específicos: acceso a medios públicos, derecho de réplica, participación en las mesas directivas del Congreso y herramientas de control político. Hace cuatro años, cuando comenzó el gobierno de Gustavo Petro, partidos como Centro Democrático, Liga de Gobernantes Anticorrupción, Verde Oxígeno y Movimiento de Salvación Nacional se declararon oficialmente en oposición. Cambio Radical llegó después, en 2023. Tienen las armas legales. Lo que no tienen es la voluntad de usarlas con firmeza.

En la práctica, muchos partidos se alejaron de sus bases. Perdieron conexión con el país real y se diluyeron frente al poder en lugar de enfrentarlo. Institutos históricos como el Conservador y el Liberal, con toda su tradición democrática, parecen renunciar a ejercer una oposición coherente. La disciplina partidista se convirtió en algo decorativo. Sin exigir coherencia a sus propias bancadas, sin construir unidad alrededor de la defensa del orden constitucional, terminan dispersos, débiles, sin respuesta efectiva.

El costo es evidente. Un control político frágil, fiscalización que no funciona, desconexión creciente entre el Congreso y la ciudadanía. Y lo más preocupante: una sensación generalizada de que el sistema político no está respondiendo con la firmeza que se espera. Esa debilidad de la oposición alimenta la desconfianza. Los partidos dejaron de ser referentes claros para la sociedad y se convirtieron en estructuras sin dirección definida, navegando en la inercia del poder.

Lo grave es que si Colombia entra en una crisis institucional, esa responsabilidad no será exclusiva del gobierno de turno. También recaerá sobre quienes estaban obligados a ejercer control y no lo hicieron. Porque sin partidos con carácter, la democracia no solo se debilita. Se tambalea. Y la pregunta que crece es si todavía están a tiempo de recuperar su papel histórico o si seguirán diluyéndose en la mediocridad política.

Fuente original: Guajira News

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