Paly Gámez: el riohachero que rescató la música de su tierra y le dio nueva vida

Álvaro Gámez Ramírez, El Paly Gámez, fue un músico riohachero nacido en 1954 que dedicó su vida a preservar y renovar el folclor de su región. Desde niño se formó musicalmente en diferentes agrupaciones, hasta crear sus propias producciones discográficas. Sus álbumes "Vida al Folklor I y II" rescataron composiciones tradicionales casi olvidadas, fusionando el vallenato con ritmos tropicales caribeños. Su legado permanece en la memoria musical de La Guajira.
En la vieja Calle del Alambique de Riohacha nació, el 12 de noviembre de 1954, un hombre que haría de la música tradicional su propósito de vida. Álvaro Gámez Ramírez, conocido como El Paly Gámez, llegó a este mundo en el seno de una familia donde los ritmos, las costumbres y el amor por la tierra eran la brújula diaria. Su padre, Juan Gámez Suárez, era músico, y su madre, Dolores Ramírez Ortíz, provenía de un ambiente donde la cultura guajira respiraba en cada rincón. Siendo el tercero de nueve hermanos, Paly creció escuchando historias y sonidos que marcarían para siempre su sensibilidad artística.
La música llegó temprano a sus manos. A los doce años ya tocaba las timbas en Los Supersónicos, participando además en el Festival Cactus de Oro del Colegio Divina Pastora. Con el tiempo se vinculó a varias agrupaciones: tocó batería en Los Yorkis, fue timbalero y animador con Adaníes Díaz y Ender Alvarado en el vallenato, y finalmente encontró un espacio especial en la Orquesta Los Satinos, la agrupación de su padre, donde desarrolló su voz inconfundible y terminó de forjar su carácter como artista.
En 1985 decidió emprender su propio camino musical. Grabó su primer sencillo, Carnaval, trabajo que lo dio a conocer en el Magdalena Grande y Barranquilla, especialmente tras su presentación en el Festival de Orquestas del Estadio Tomás Arrieta. Pero Paly no quería solo interpretar canciones ajenas. Sintió la necesidad de investigar las raíces musicales de su tierra, buscando en archivos y memorias aquellas composiciones vernáculas que estaban casi perdidas.
De esa investigación nacieron sus trabajos más importantes: Vida al Folklor I y Vida al Folklor II. En estas producciones reunió joyas musicales riohacheras como La cuadrilla Pinto de Cipriano Guerrero, La camisa afuera de Rubén de Aguas, El cojo Magda de Mingo Pichón, y Lucky Cotes de Carlos Espeleta. Su interpretación de El pilón riohachero, ligada al sentimiento festivo del Carnaval guajiro, se convirtió en referencia obligada.
Lo que hizo especial la obra de Paly Gámez fue su capacidad de tender puentes entre géneros sin traicionar la tradición. En sus arreglos convivían el acordeón, los metales, la percusión y una voz que sabía contar historias con la fuerza caribeña de quien nace en esa geografía. Quienes lo acompañaron lo recuerdan como un hombre meticuloso, creativo y generoso, maestro para muchos jóvenes músicos que buscaban explorar nuevos caminos sonoros desde la raíz de lo propio.
Paly se casó con Ximena García Figueroa, con quien tuvo cuatro hijos: Stephanie, Álvaro Hadif, Keryle y Jackyritza. Vivió con la misma libertad con que hacía música, entregado a su arte y a su gente, siendo reflejo de un hombre alegre, empático y auténtico. Su legado no se apaga con su partida física. Permanece en cada acorde de sus canciones, en los arreglos que creó y en todos aquellos que aprendieron de su ejemplo. En La Guajira y el Caribe colombiano, Paly Gámez sigue sonando donde suena la música de su pueblo.
Fuente original: La Guajira Hoy
