Paloma y Tigre: dos candidatos de derecha en la carrera por la segunda vuelta presidencial
Dos personajes que se identifican como therians —personas que se asimilan a animales— compiten en las elecciones presidenciales representando tendencias de derecha y centro derecha. Paloma Valencia ganó una consulta popular interna con más de cuatro millones de votos y cuenta con el apoyo del Centro Democrático y otros partidos tradicionales. Abelardo De la Espriella, conocido como "Tigre", recolectó firmas para su candidatura pero enfrentó cuestionamientos sobre la validez de millones de ellas, mientras busca posicionarse como un candidato antisistema.
En la contienda presidencial de este año aparecen dos candidatos que se identifican como therians —personas que imitan o se asimilan a animales— compitiendo dentro del espectro de derecha y centro derecha. Ambos persiguen llegar a una segunda vuelta electoral, en caso de que no haya un ganador absoluto en la primera. Mientras algunos de sus seguidores proclaman victorias en primera vuelta, la realidad política sugiere un escenario más complejo en las urnas.
Paloma Valencia construyó su candidatura a través de una consulta popular donde participaron ocho precandidatos. Logró reunir más de cuatro millones de votos en ese proceso interno, consolidándose como una opción de centro derecha. Su campaña cuenta con el respaldo explícito de Álvaro Uribe Vélez, líder del Centro Democrático, además del apoyo de partidos como Conservador, Liberal, Cambio Radical, Nuevo Liberalismo y la 'U', aunque con algunas divisiones internas. En conjunto, estos apoyos podrían sumarle cerca de seis millones de votos, lo que le garantizaría un lugar en segunda vuelta. Su estrategia de campaña acepta a todos quienes deseen vincularse, unificando su estructura territorial a nivel nacional.
Abelardo De la Espriella, conocido como "Tigre", transitó un camino diferente hacia la candidatura. Inicialmente buscaba una candidatura única de derecha y propuso al expresidente Uribe como su fórmula vicepresidencial, propuesta que fue descartada. Posteriormente intentó con el hijo del expresidente, Tomás Uribe, quien tampoco aceptó.
Luego De la Espriella optó por recolectar firmas de ciudadanos para avalar su candidatura. Anunció inicialmente contar con tres millones de firmas, cifra que posteriormente aumentó a cinco millones cuando las radicó ante la Registraduría. Sin embargo, la realidad fue bastante diferente. El organismo electoral validó únicamente un millón novecientas mil firmas, mientras que unos tres millones fueron rechazadas por estar contaminadas, repetidas, falsas o suplantadas. El Consejo Nacional Electoral abrió una investigación administrativa sobre la validez de las firmas utilizadas para formalizar su inscripción como candidato presidencial.
De la Espriella presenta su candidatura como la de un outsider, alguien ajeno a la política tradicional que llega con fuerza para transformar el país. Sin embargo, su trayectoria muestra contradicciones significativas. Se posiciona rechazando los apoyos de políticos tradicionales e insistiendo en que representa a los pobres, cuando simultáneamente se ha reconocido como miembro de la derecha y simpatizante de figuras políticas de extrema derecha internacional. Su propuesta de gobierno incluye reducir la burocracia estatal hasta en un 40 por ciento, lo que significaría despidos masivos de funcionarios públicos, mientras promete acciones que requerirían atribuciones presidenciales sin precedentes en la historia republicana colombiana.
Un aspecto notable es que De la Espriella nunca ha ejercido un cargo en la administración pública como servidor público, careciendo de experiencia comprobada en gestión administrativa, aspecto que difiere significativamente de lo que implica gobernar una nación en comparación con su trayectoria previa en litigio y comercio.
Entre tanto, Paloma Valencia mantiene una postura de prudencia respecto a sus posibilidades electorales, confiando en que su estructura de apoyo la lleve a disputar la final presidencial. Las campañas políticas, como suele ocurrir en democracia, se ganan con votos y con la capacidad de construir consensos amplios, no únicamente con rechazo a sectores políticos tradicionales.
Fuente original: Diario del Norte


